“Me gusta crecer en momentos difíciles porque no temo a la crisis”

Posted on marzo 16, 2008 por

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Por Gemma Martínez. Nueva York 

El modisto gallego lamenta que los políticos se dediquen a discutir sus ideas antes de consensuar lo que es bueno para el país, mientras mantiene que José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy eligen su ropa “en función de la imagen que quieren aparentar”.

Roberto Verino tiene un coche híbrido que, gracias a sus dos motores, consume menos combustible y contamina menos que un vehículo tradicional. Cada día, el diseñador, nacido hace 62 años en Verín (Orense), se levanta a las siete y recorre con su automóvil los 66 kilómetros que separan su casa de Verín de su empresa, radicada en San Cibrao das Viñas, también en Orense.

El trayecto dura 35 minutos y es el principio de una jornada de doce horas, que Verino sólo interrumpe para almorzar en el comedor de la compañía, junto al resto de empleados. Éstos comen en una hora, por turnos, entre la una y las tres de la tarde.
El orden y el rigor son las dos vías “para alcanzar el éxito”, según Verino, que vive de lunes a miércoles en Orense y de jueves a domingo en Madrid, en un piso que comparte con su hijo, José Manuel, arquitecto. “Muchos huyen de la capital de España el fin de semana, al contrario que yo”, afirma Verino, que también es un hombre de ideas fijas en la gestión empresarial.

El diseñador, que detesta que la moda sea calificada como frívola, fija objetivos, planifica y remunera en función de los logros conseguidos. El calendario de Verino ha llegado a la fecha que marca su entrada en Estados Unidos. Verino prevé abrir sus primeras tiendas franquiciadas en Nueva York, Dallas, Chicago y Miami. “Tardé en venir a EEUU porque antes surgieron oportunidades en otros países. No tenía recursos para más y quise ir paso a paso para no repetir chascos como el de Beirut. Creíamos que iba a ser la Suiza de su entorno, pero no fue así”.

La desaceleración económica de EEUU no le preocupa. “Me gusta crecer en momentos difíciles, porque es ahí cuando estudias muy bien todos tus pasos antes de tomar cualquier decisión. Por el contrario, si el mercado va bien, existe el riesgo de actuar con alegría, lo que puede generar problemas en el futuro”, indica el modisto. Verino está convencido de que las cifras macroeconómicas no siempre influyen en el día a día de la gente que “intenta ser feliz con la adquisición de piezas que generan sorpresa, emoción, ilusión y seducción”.

Un paso en Manhattan
Después de abrir tiendas, Verino desfilará en Nueva York. “No lo hemos hecho antes porque sería como empezar las cosas por el tejado. Una vez que podamos vender, la Pasarela de Nueva York nos dará visibilidad internacional”. El modisto ha dejado de participar en Cibeles, “porque estar en un salón que no tiene proyección internacional es como quedarse a medias”, asegura. El diseñador gallego también se ha marcado otros objetivos, como la entrada en nuevos segmentos de mercado (ropa para jóvenes y niños) y crecer en accesorios (muebles, joyería y ropa de hogar). “Desarrollaré estas líneas cuando esté preparado y pueda hacerlas bien”.

El empresario, dueño de la compañía Roberto Verino Difusión, fabrica una parte mínima de sus prendas en Verín. También tiene acuerdos con socios en Portugal, Galicia, Italia y China. “Es obligado estar presente en el gigante asiático, porque la globalización nos obliga a tener las mismas armas que nuestros competidores para reducir costes”. Pero no todo es barato en China, advierte Verino. “Hay productos exquisitos que sólo ellos pueden elaborar tan bien por su paciencia, como el cashmere y la seda, que les pertenecen”.

Verino no ha conseguido encontrar un socio industrial que se encargue de la gestión de la compañía y que le permita tener más tiempo para desarrollar la faceta creativa. “Las empresas de moda españolas no hemos sido capaces de crear ese deseo por parte de industriales de otros sectores”. Verino, no obstante, está convencido de que combinar creatividad y comercialización es “posible, aunque no fácil”. El modisto, amante de la vela y de la medicina cuántica, cree que la alianza con un socio industrial puede ser viable ahora, sobre todo para crecer en el exterior. “La dimensión nos impide improvisar”, afirma Verino, que tiene un centenar de tiendas y que facturó 86 millones de euros en 2006.

Inversiones
La bolsa y los socios financieros están descartados. “No me gusta la especulación, aunque he invertido en bolsa alguna vez de forma esporádica. Los inversores que sólo buscan beneficios no me permitirán ser tan libre como hasta ahora. Lo que gano por un lado, recursos, lo pierdo por otro”.

El diseñador se define como un autodidacta. Exigente y riguroso consigo mismo y con los demás, ha delegado la dirección financiera de la compañía y también la gestión general. Él se encarga de la creación, la producción, el márketing y la imagen. “Delego, aunque me cuesta, porque tuve experiencias negativas. Confié en personas que se vendían muy bien y, después, resultó que eran incapaces de hacer su trabajo. Fue un fracaso”, recuerda el modisto gallego, casado en segundas nupcias y padre de dos hijos.

El diseñador también tiene dificultades para reducir sus jornadas laborales. “Estoy enamorado de mi profesión y muchas veces no me doy cuenta de lo tarde que es. Mis colaboradores vienen a decirme si no es hora de irse a casa”. “Lamentablemente el trabajo no se queda en la oficina. Mi mujer y yo compartimos responsabilidades en la empresa y nos seguimos viendo atrapados por el trabajo cada noche cuando cenamos solos”. Verino no cree que estar dedicando demasiado tiempo a su profesión sea contraproducente. “Lo único que echo en falta a veces es tener un poco más de tiempo para mí y para mi bodega, a la que ya le dedicaré más atención cuando me jubile”, añade el modisto.

De momento, Verino no tiene planes de dejar la aguja. “Pertegaz siguió hasta sus últimos días y así será en mi caso”. Al diseñador no le entristece que sus hijos no hayan heredado su oficio de diseñador. Tampoco sabe si querrán quedarse con la empresa cuando él se retire. “No querría dejarles nada que no fuera gratificante para ellos, pero todavía es pronto para tomar una decisión”. La posibilidad de vender la empresa o de dejar su gestión en manos de terceros no le inquieta. “Las grandes casas de moda han alcanzado la notoriedad cuando el creador ha desaparecido. Si tu carácter como creativo está tan identificado, los que vengan detrás aportarán sabia nueva y multiplicarán tu trabajo”, indica el modisto gallego.

Profesionalización
Verino, que planea crear un consejo de administración y aumentar la profesionalización de la compañía, está desilusionado con la política y con el papel del sector público en la moda. “Los mejores embajadores de nuestra moda tendrían que ser los miembros de la Familia Real y los políticos. Pero no es así. Muchos personajes públicos prefieren llevar una prenda con un logotipo de un caballito, cuando saben que hay marcas españolas igual de buenas”.

Verino no cree que el sector público deba intervenir en el mercado, con subvenciones, pero sí reclama a la Administración “que impulse la formación profesional para evitar que el talento huya de España en busca de escuelas de moda”. También pide “que apoye con su presencia los eventos que organizamos las empresas españolas”.

Más allá de la moda, Verino lamenta que los partidos políticos se dediquen a discutir sus ideas, “cuando lo primero que tendrían que hacer es consensuar lo que es bueno para el país y defenderle. Después, ya habrá tiempo para las ideas”, sostiene Verino, que cree que Zapatero y Rajoy eligen la ropa “en función de la imagen que quieren aparentar”.

“La rivalidad estimula y crea motivación”
Roberto Verino inauguró ayer en Nueva York la exposición itinerante con la que celebra sus 25 años en el mundo de la moda. La muestra se expone en una galería de arte ubicada en el centro de Manhattan. Las prendas de la exposición, en su gran mayoría, han sido prestadas o regaladas por clientes del modisto, que en los últimos años no ha guardado trajes de todas sus colecciones.

“En Orense, me encontré con un grupo de señoras que el día de la inauguración llevaban puestos vestidos de hace veinte años que forman parte de la muestra. Estaban como el primer día y demostraban que la permanencia en el tiempo también es un valor”, dice el modisto, que presentó su exposición en Madrid y la terminará en Barcelona. “Son dos ciudades fantásticas, que habría que inventarlas si no existieran. La rivalidad entre ellas es buena porque crea motivación”. Esta coyuntura también se produce entre los distintos diseñadores españoles. “Todos miramos a los competidores porque queremos superarlos”.

La aguja gallega
· Roberto Verino, empresario y diseñador, defiende que el rigor es la mejor fórmula para garantizar el éxito.
· Trabaja doce horas al día y es un hombre de costumbres fijas. Conduce un coche híbrido para consumir menos.
· El modisto fija objetivos, planifica y remunera en función del resultado. Ahora, su próximo reto es introducirse en Estados Unidos con tiendas propias y desfilar en la Pasarela de Nueva York. Ir a Cibeles, por su poca proyección exterior, es como quedarse a medias.
· Verino puede aliarse con un socio industrial para crecer en el exterior. La bolsa y la incorporación de socios financieros están descartados. No le gusta especular, aunque ha invertido en bolsa de forma esporádica.
· Al modisto no le preocupa la desaceleración económica de EEUU: le gusta crecer en momentos difíciles y no teme a la crisis.
· Verino cree que los políticos y los miembros de la Familia Real deberían ser los mejores embajadores de la moda española.
· El empresario está desilusionado con la política y con la Administración, que debería fomentar la formación profesional.
· Para Verino, Zapatero y Rajoy eligen su ropa en función de la imagen que quieren aparentar.

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