Nazis. Alarma en Rusia

Posted on marzo 13, 2008 por

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La Rusia de ayer sufrió como nadie el odio hitleriano. Hoy, la amenaza neonazi y xenófoba crece sin freno. Más de 50.000 militantes –5.000 de ellos muy violentos– operan en noventa ciudades. Inmigrantes de origen caucásico, africano, suramericano o de la Europa occidental se cuentan entre sus víctimas.

Los rusos sufrieron como nadie durante la Segunda Guerra Mundial. Más de ocho millones de soldados murieron en los frentes de batalla luchando contra los soldados del III Reich hitleriano. Sin contar los campos de exterminio o las millones de bajas entre la población civil de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Por paradójico que parezca, 63 años después de finalizada la tragedia, la Rusia actual, la de Vladimir Putin, está viendo crecer en su interior el germen de un nuevo nazismo basado en la violencia y el racismo.

En 2005 murieron 28 personas y más de 360 resultaron heridas en ataques xenófobos. Y entre enero y octubre de 2007 hubo casi 550 ataques racistas y un total de 56 personas fueron asesinadas. La ONG Sova, dedicada al estudio de la xenofobia en Rusia, calcula que funcionan más de 150 grupos extremistas de ultraderecha, con más de 5.000 activistas violentos. Según datos no oficiales, en Rusia habría alrededor de 50.000 neonazis ubicados en 89 ciudades. En el otoño de 2002, una banda neonazi mató a golpes a un azerbaiyano en San Petersburgo. Vendía sandías y era padre de ocho hijos. Las puñaladas, patadas y golpes con palos fueron grabados por uno de los agresores. El 9 de octubre de 2005 el estudiante peruano de 18 años Enrique Angelis Hurtado se convirtió en otra de las víctimas más simbólicas. Quince cabezas rapadas le machacaron en el recinto de un complejo deportivo cuando estaba acompañado por otro compatriota y por un filólogo español de 30 años que acababa de llegar al país para perfeccionar el ruso.

El peligro de la Unión Eslava
Ese mismo año, el día de Nochebuena, otra manada de neonazis armados hasta los dientes acabó con la vida de un estudiante camerunés también en San Petersburgo. El penúltimo suceso se conoció en agosto de 2007. En internet apareció un vídeo donde dos neonazis, encapuchados y vestidos con uniformes militares, posan delante de una bandera con la esvástica. De inmediato colocan de rodillas a dos personas que están atadas y les obligan a decir que han sido arrestados por “nacional-socialistas rusos”. Posteriormente, decapitan a uno de los rehenes y matan de un tiro en la cabeza al otro. Las víctimas eran supuestamente ciudadanos de Daguestán y Tayikistán.

San Petersburgo se ha convertido en la zona de operaciones preferida para los nuevos nazis rusos. Una plaza oscura frente a un cine abandonado de la antigua ciudad de los zares es el lugar elegido para la cita con el fotógrafo. Un joven de pelo rubio y corto, alto y delgado, aparece en escena. Se llama Dimitri Mikhaïlov. Es el líder regional de la Unión Eslava, traducción de Slavianski Soyz, también conocida como SS, siglas que recuerdan al temido grupo militar de élite del régimen nazi alemán.

“Sí, Hitler era enemigo de Rusia, pero su ideología era razonable. La única salida para Rusia es un dictador popular de tipo nacionalsocialista”. La organización que creó Dimitri Demouchkine allá por 1999 sigue teniendo presencia en las calles de algunas zonas de Rusia. El nuevo líder de San Petersburgo admite que no son más de 80 militantes activos, “pero para determinados momentos podemos llegar a ser más de 200. En Moscú, la Unión Eslava llega a las mil personas. La mayoría de nosotros somos antiguos ‘skinheads’ cansados de pegar a negros sin tener ideología”. No le cuesta trabajo reconocer que aunque la organización que dirige no reivindica ningún ataque, los militantes pueden actuar por su cuenta. Aseguran que sus objetivos son activistas antifascistas, a los que seleccionan, siguen y agreden.

Una cantidad injustificada
Entre las explicaciones de este incremento de posturas extremistas estarían las diferencias creadas por el sistema capitalista tras la caída del Muro de Berlín, las escasas oportunidades para muchos sectores de la juventud, la inexistente tradición democrática y la llegada masiva de emigrantes de otras ex repúblicas. “Limpiemos Rusia de basura”, en referencia a los kavkaztsi, las etnias del Cáucaso, es un lema que aparece en fachadas de edificios de muchas ciudades.

Hasta el propio presidente ruso, Vladimir Putin, tuvo que reconocer a mediados de 2006 que la xenofobia “amenaza la seguridad nacional y erosiona la imagen del país”. Indiferencia de la sociedad y permisividad de la policía son dos factores que acrecientan el riesgo, según la conclusión de Vladimir Lukín, responsable del Kremlin para los Derechos Humanos. Los cabezas rapadas comienzan a imponerse en la subcultura de los chavales rusos. Muchos partidos ultras tienen a los skins como sus fuerzas de choque, y negacionistas del Holocausto procedentes de todo el mundo acuden a Rusia para dar sus charlas. Se lleva el white power. Lo que hace una década eran elementos exóticos, en 2008 constituyen una amenaza real.

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