Buscando a Marilyn desesperadamente

Posted on marzo 3, 2008 por

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En líneas generales, la tentación, sobre todo si es rubia, suele vivir arriba, aunque por la jungla de asfalto, a menudo también circulen y paseen, a veces con faldas y a lo loco, a veces sobre los respiraderos del metro, fierecillas más o menos domadas (se antoja difícil domar un cuerpo 94-58-92) pero rotundamente estupendas.Hay vidas rebeldes que son, y sobre todo fueron, porque ya va haciendo medio siglo, y en poco todos calvos, la cara con la que la imaginería del siglo XX pasó a la historia de nuestra educación sentimental en cuerpo (bueno, cuerpazo, para qué engañarnos) y alma.
Alma de celuloide (Marilyn, James Dean), alma de rock and roll (Elvis, Lennon, Dylan), alma de guerrilla y un cielo de estrellas rojas (Che Guevara, Camilo, Camilo Cienfuegos), alma de «jogo bonito», el «jogo» más bonito de todos (Pelé, Diego Armando Maradona, che, pibe). Los españoles, religiosamente, siempre supimos dar la talla (Salzillo sobre todo), pero en el siglo pasado el santoral cambió de señas y de nombres, laicamente aprendimos otros rosarios, pasando las yemas de los dedos por el acero de un zippo, o por la hebilla, gigante, de Dean, aquella tarde al este del Edén cuando él, Dean, tiraba piedras, y nosotros soñábamos con ser rebeldes, sobre todo sin causa.
Pero 50 años después, a Marilyn le siguen saliendo copias por todas partes. Unas autorizadas, otras no tanto. A Kate Moss, el grafitero Banksy la mete en un río sin retorno. Y sin Pete Doherty. Nicole, la dulce Kidman, saca pecho en una portada, Jennifer López se pasa de castaño (vale, de castaña) oscuro, posando como Norma Jean. Sarah Jessica Parker, blanca, radiante y moderadamente platino. Scarlett Johansson aprovecha para dar el mejor perfil de la llamada «el sueño de los fotógrafos», y Lindsay Lohan está como una rosa (pero con espinas, como la Monroe) en la portada del «New York» del pasado día 25. Joe Di Maggio bateó primero, y dicen que quien batea primero da dos veces, pero quien hizo un jonrón fue Arthur Miller, mientras le alicataba el nicho a aquel viajante.
La multicopista de la posmodernidad sigue tomándole las medidas a Marilyn Monroe, y la fotocopiadora de la historia las sigue prefiriendo rubias. Dios nos libre de las cataratas, por muy Niágara que sean, cuando aún hay tanto de buen ver (miren, pero no toquen, por favor), con tanta Eva, más o menos al desnudo se sienta a nuestro lado en cualquier bus stop de la EMT, mientras la huelga lo permita. Una puede aprender cómo casarse con un millonario, pero Marilyn sólo hay una y a ti te encontré en la calle. Bueno, en el cine.
Publicado en:
abc
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