Si quiere triunfar, aprenda ‘globish’

Posted on marzo 2, 2008 por

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Aprender inglés no es coser y cantar; y, además, lleva mucho tiempo. El ‘globish’, un idioma exprés concebido para empresarios y turistas, se perfila como un gran vehículo de comunicación en la era de la globalización.

Piense el lector en la siguiente escena, muy típica en el mundo de los negocios: una multinacional celebra un encuentro en Nueva York en el que los directores regionales se sirven –unos muy bien y otros no tanto– del inglés como vehículo de comunicación. Se suceden los apretones de manos, comienza la reunión informal y surgen espontáneamente dos melés: una formada por americanos, ingleses y aquellos ejecutivos que tienen la suerte de dominar a las mil maravillas la lengua de Shakespeare, y otra que atrae al resto.

Tal división viene a decir que un japonés, un italiano, un brasileño o un marroquí acaban por entenderse mejor entre sí, no por sus afinidades culturales o su desdén por lo anglosajón sino porque todos dominan el inglés de andar por casa y rehuyen las ininteligibles florituras lingüísticas de estadounidenses o británicos.

Justo esta conclusión es lo que ha llevado a crear el globish –un híbrido entre globalization e english–, un idioma que aspira a ser la nueva lingua franca internacional del siglo XXI y de la era de la globalización. Creado por el francés Jean-Paule Nerrière, ex vicepresidente de IBM, es es una especie de inglés exprés, breve pero correcto. Consta de 1.500 palabras y a diferencia del esperanto, no tiene raíces artificiales. Lo mejor son los ejemplos. Si un directivo, un turista o un estudiante que no controla el inglés de Oxford quiere decir tomate (tomato) basta con que diga una fruta (fruit) redonda (round) y roja (red). O si se quiere decir “yo toqué el piano” (I played the piano) debería decir I played an instrument with black and white keys (yo toqué un instrumento con teclas negras y blancas).

El método es de acuñación reciente pero está experimentando un crecimiento vertiginoso. Sus ventajas son claras. La primera es la economía de palabras –el inglés de toda la vida tiene un léxico de 615.000 palabras–, lo cual es una garantía de que el idioma se puede aprender con gran rapidez. Algunos dicen que basta con invertir algo más de cien horas y escuchar de vez en cuando las canciones de Frank Sinatra –en particular Strangers in the night– para quedarse con el acento. Además, sus reglas de manejo son bien sencillas.

Nerrière dice que para hablar este idioma que el denomina “inglés descafeinado” conviene hacer siempre frases cortas, evitar en todo momento las metáforas y las bromas –que siempre son difíciles de traducir y casi nunca literalmente– y hablar con el cuerpo. La comunicación no verbal es tremendamente efectiva y levantar la mano, poner gesto de sorpresa o situar el pulgar sobre el esternón son gestos que valen más que una imagen y, por supuesto, que mil palabras. Del mismo modo, no debe el aprendiz de globish avergonzarse de repetirse utilizando los mismos vocablos para distintas situaciones.

Nerrière, no obstante, insiste desde sus libros y desde su visitada página web que no se trata de decir Me Tarzan, You Jane (Yo Tarzán, tú Jane). Y tampoco pretende suplantar ni al inglés ni a ninguna lengua tradicional, pues éstas son vehículos de cultura y el globish no es más que un idioma exprés en la época de la aldea global.

Pero muchos estudiosos empiezan a considerar que gran parte de los 1.500 millones de personas que conocen como mínimo los rudimentos del inglés –hay poco más de 400 millones de nativos– manejan de alguna u otra forma algún sucedáneo de globish. Basta con ver los telediarios y observar las parcancartas de los manifestantes en tal o cual país, las soflamas de algunos fundamentalistas islámicos o los contenidos en determinadas webs para concluir que el globish se está convirtiendo en algo más que un método o experimento lingüístico. Por primera vez, la Torre de Babel –la Humanidad– podría hablar un solo idioma; aunque mayoritariamente mal. Pero, como dice Nerrière, se trata de un inglés de urgencia. “si uno quiere leer a Harry Potter tienen que aprender inglés y no globish“, suele decir.
Ni de EEUU ni de Reino Unido, el inglés es de todos
Nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente habla inglés en el mundo, ya sea como lengua materna o como segundo idioma. David Crystal, uno de los principales expertos sobre esta cuestión, dice que ronda los 1.500 millones. Es decir, que la lengua de Shakespeare –bien o mal hablada– sería la más usada del mundo por delante del chino. El British Council vaticina que la cifra podría escalar hasta los 2.000 millones en los próximos diez o quince años.

El inglés es, sin sombra de duda, la lengua más extendida y dominante de la historia. Cierto, el latín también predominó sobre muchos pueblos. Pero limitó su radio de acción a Europa y el Norte de África. El inglés, sin embargo, está presente en las cuatro esquinas del mundo y tiene un gran potencial de expansión. Las razones de su poderío son simples. Es el idioma para hacer negocios. Y por lo tanto, un instrumento para la prosperidad. Además, es una herramienta de comunicación de las distintas nacionalidades entre sí. Un chino necesita del inglés para hablar con un turco y también un alemán con un griego. Igualmente, es la lengua dominante en el mundo tecnológico, en particular en Internet.

Muchos piensan que es el triunfo definitivo, al menos en la vertiente cultural, de Estados Unidos, y por extensión, del mundo anglosajón. Pero los expertos dicen que tal vez estemos entrando en una nueva fase en la que el idioma está pasando a ser, de alguna forma, patrimonio de todos. Aunque el chino puede ser una amenaza, por el número de hablantes, la facilidad de aprendizaje del inglés es una ventaja. Claro que también surge el interrogante de si el inglés, a medida que pasa a ser de todos –particularmente de aquellos que no lo tienen como idioma materno, unos mil millones–, corre el riesgo de fragmentarse o perder pureza. Las respuestas a día de hoy no son claras.

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