Faldas largas, tiempo de crisis

Posted on marzo 1, 2008 por

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Marisa Perales

Existe una teoría según la cual la longitud de las faldas tiene mucho que ver con la evolución de los ciclos económicos. Cuando el crecimiento es importante y se respira confianza, el tamaño de las prendas tiende a reducirse. Por el contrario, el deseo de no mostrar la pierna tiene que ver con épocas de temor e inquietud. Está escrito y la historia lo ha comprobado. El sociólogo y crítico de moda Pedro Mansilla lo confirma: “En periodos de depresión y crisis, se bajan las faldas y la paleta de color se oscurece, mientras que las minifaldas y los colores vivos son sinónimo de periodos de despegue económico y de gran prosperidad.

La explicación es elemental y está asociada con la esperanza de vida y la confianza en el futuro. Sin optimismo, las ganas de vivir y de ser visto disminuyen. Sin embargo, la discreción, como reacción inteligente más que por capricho, es la postura dominante en periodos de recesión económica. La exhibición de la carne es una reacción que no apetece”. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Una teoría –como mantiene el escritor y periodista Vicente Verdú– muy ingeniosa que funcionó en su momento: “Ahora hay muchas tendencias a la vez y todas van por libre”.

Libertad creativa
De hecho, la moda hoy en día es mucho más anárquica de lo que era hace unos años y casi todas sus expresiones valen. Así piensa la diseñadora Lydia Delgado, a quien, aunque no es experta en finanzas, le parece que la Bolsa no entiende mucho de trapos. “El largo de la falda sobre todo tiene que ver con el concepto de la prenda. En el proceso de diseño, la ropa adquiere vida propia y es la que te sugiere un largo u otro”. Esta catalana procura que le influyan muy pocas cosas a la hora de diseñar. Asegura que trata de desprenderse de todo para sentirse lo más libre posible y conectar con su mundo interior. Sólo a través de esa introspección es capaz de sacar fuera la ilusión y la fantasía que tienen que suscitar una prenda. “A medida que va adquiriendo forma –dice–, pienso en la persona que la va a llevar y me centro en que sea lo más favorecedora posible”. El gallego Roberto Verino recuerda que en los momentos anteriores a la crisis de Libia o la Guerra del Golfo, la tensión acumulada y la preocupación que ésta generaba sobre los mercados financieros y sobre los consumidores hizo que toda la paleta de color se oscureciese y que todos los largos de las faldas se disparasen. “En sólo seis meses de preocupación por una guerra inminente en el Mediterráneo, todos los diseñadores europeos nos pusimos de repente a hacer colecciones femeninas inspiradas en aires militares. De pronto la estrella no era la chica Martini, sino Lily Marlen”. Al guipuzcoano Fernando Lemoniez no le afecta la crisis que se avecina para diseñar, pero sí para vender, porque es de lo primero que prescinde el consumidor. Se nota desde este verano: “El comer no es un lujo, la moda lo es. Podemos pasar dos e incluso tres temporadas sin comprarnos nada, nuestros armarios están llenos”.

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