HISTORIA DE BBVA

Posted on febrero 29, 2008 por

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En todo aniversario el pasado se vuelve presente al rememorar los grandes sucesos del festejado, así, en el cumpleaños número 75 de Bancomer invitamos a la memoria a los grandes constructores de esta historia.

 

Investigación y Texto: Marcela Sánchez
Fotografías: Cortesía BBVA Bancomer

La visión de uno y el trabajo de muchos

Corría el año de 1932, la organización financiera del país atravesaba por un profundo proceso de reorganización; el sistema bancario constituido en el Porfiriato quedó hecho cenizas con la Revolución; había que reconstruirlo y adaptarlo a los nuevos tiempos.

Salvador Ugarte Vizcaíno, empresario jalisciense, vio la oportunidad de participar en el sector bancario que empezaba a crecer. Logró asociarse con un grupo joven y muy dinámico de emprendedores inversionistas: Raúl Baillères, Mario Domínguez y Ernesto J. Amescua, el grupo BUDA (llamado así por sus iniciales); un grupo que marcó época de los negocios en México.

El 15 de octubre de 1932, el Banco de Comercio abrió sus puertas en el centro de la Ciudad de México, instaurando un modelo de negocios basado en tres pilares: búsqueda de clientela, oferta de servicios financieros –no sólo de intermediación– y el tercero, que fue vital: la expansión nacional a través del desarrollo de un sistema de filiales, que llevarían el nombre de Banco Mercantil. Así, a los pocos años de ser creado, el banco se fue posicionando como una entidad bancaria importante.

La Segunda Guerra Mundial tuvo un efecto poco esperado, flujo de capitales del exterior entraron a México, estos depósitos serían captados por el sector bancario y continuaría el crecimiento del banco.

En medio del torbellino internacional, el Banco de Comercio se convirtió en una de las instituciones financieras más grandes del país logrando consolidar su posición. Para 1946 había quintuplicado sus depósitos y se encontraba entre los cuatro bancos de mayor tamaño.

El dinamismo empresarial que emergió en los años 50, la creciente urbanización y el inicio de una acelerada explosión demográfica, incrementó la demanda interna y llevó a que hubiera cada vez mayores oportunidades de negocio para el sector privado. En esa época, el Banco de Comercio ya era un líder dentro del sector financiero. Nadie imaginaba entonces el cambio que se avecinaba en la institución.

Un nuevo personaje en la historia

La llegada de Manuel Espinosa Yglesias en 1955 al control y administración de la institución significó uno de los cambios más importantes que tuvo el banco en su historia.

La relevancia de Espinosa Yglesias va más allá de la labor dentro del banco. Pronto se convirtió en uno de los banqueros más respetados de su tiempo y obtuvo un reconocido liderazgo en la comunidad financiera mexicana. Convirtió al Banco de Comercio en una institución de dimensión internacional, además de que lo mantuvo como una de las dos entidades bancarias más grandes del país. Bajo su dirección, el banco vivió una segunda etapa de modernidad y de profesionalización de servicios bancarios.

Hubo tres factores que marcaron el éxito del nuevo director: la permanencia de Salvador Ugarte, su habilidad y la aprobación del gobierno del cambio de control de la institución.

Un cambio que condujo a un segundo empuje modernizador inició con la unificación de los bancos afiliados, la apertura de filiales no bancarias, una financiera, una hipotecaria, una aseguradora y una inmobiliaria. Esas nuevas filiales llevarían el nombre de BANCOMER. Con este aspecto, Banco de Comercio hizo una diferencia importante en la industria bancaria, al constituir filiales bajo un mismo nombre creó una franquicia, un brand name o marca de servicios financieros.

En todo este crecimiento el factor más importante fue el componente humano. En 1971 se creó el Centro de Capacitación Bancomer, para entonces el número de empleados rebasaba los 17 mil.

Fueron tiempos de transformaciones; la tecnología se hacía cada vez más necesaria en la medida en que la clientela del banco era mayor y masiva. El Sistema de Bancos empezó a operar con uno de los equipos de procesamiento electrónico más completos de América Latina. Sin embargo, no todos fueron pasos hacia adelante. En 1976 la economía mexicana comenzó a decrecer.

De la abundancia a la estatización

En el sexenio de José López Portillo se vivió el auge petrolero y la expansión del gasto público. También fue una época de sobreendeudamiento público y privado con el exterior. Para Bancomer fue un periodo que sirvió a la formación y consolidación de la banca múltiple.

Los buenos vientos pronto se alejarían. El país comenzó a sentir los efectos del sobreendeudamiento y la caída en los precios del petróleo. El rumor imperaba, se hablaba de una posible expropiación de la banca por parte del gobierno de López Portillo.

Los antecedentes de la estatización son diversos. Entre ellos, las condiciones macroeconómicas del país fueron determinantes, una excesiva expansión del gasto público, que no era otra cosa que despilfarro, el efímero auge petrolero, sobreendeudamiento, déficit público crecido a niveles históricos, derrumbe de ingresos del exterior, además, las reservas del banco central estaban agotándose.

Las tinieblas rondaban la economía mexicana. Algo grave estaba por llegar. Medidas y declaraciones ocurrieron en cadena hasta la decisión final.

Triste fue el amanecer del 1º. de septiembre de 1982. En su último informe de gobierno, el presidente José López Portillo, con la voz entrecortada, anunció la expropiación de la banca privada mexicana. Fue el inicio de una crisis. La expropiación, estatización o nacionalización de la banca, como se le llamó, mantuvo a la banca múltiple en manos del Estado por casi diez años.

Probablemente uno de los aspectos más importantes del Bancomer estatizado fue su cambio de misión como banco. De ser una empresa impetuosa en los mercados bancarios, ahora tendría como prioridades estratégicas las mismas del Estado. Esto representaría para el banco un retroceso en competitividad.

Reprivatización y crisis

Dicen que después de la tormenta viene la calma. El paisaje nacional para la banca comenzó a cambiar con el proceso de reprivatización ordenado por decreto presidencial en 1989, que incluyó la modificación de la Constitución.

La historia de la reprivatización para Bancomer inició con la subasta de la institución en la que participaron 44 grupos. En un principio, Espinosa Yglesias se interesó en la compra del banco que dirigió, pero el gobierno no le autorizó volver a adquirir Bancomer.

Los principales funcionarios del grupo Valores de Monterrey, S.A. (VAMSA) de Eugenio Garza Lagüera, se involucraron a fondo en analizar las opciones de compra. Uno de ellos era el entonces director del grupo, Ricardo Guajardo Touché, quien a la postre dirigiría Bancomer. Otro financiero que participó en los estudios fue Héctor Rangel Domene, hoy Presidente del banco. Del lado de Bancomer, Carlos Aguilar y Adolfo Lagos eran los funcionarios que recibían a los posibles compradores.

El 1º. de diciembre de 1991, la institución fue entregada a sus nuevos dueños, Grupo VAMSA, y para el siguiente marzo ya estaría constituida legalmente como Grupo Financiero Bancomer.

Se vislumbraba un México con entorno económico de prosperidad, pero en realidad los bancos que se adquirieron en ese período eran una caja negra. A pesar del panorama, el banco continuó con su tradición de modernidad e innovación. Dos aspectos relevantes fueron el nuevo modelo estratégico que reorganizó el negocio, la introducción de la tarjeta de débito y la formación de la Afore Bancomer en 1992.

El paisaje nacional empezaba a tornarse negro. A lo largo de 1994 hubo una serie de acontecimientos políticos que acompañados de desequilibrios financieros ocasionaron fuertes corridas de capital que presionaron el valor de la moneda mexicana. En diciembre de 1994 el gobierno se vio obligado a devaluar el peso y a solicitar apoyo a la comunidad internacional para hacer frente a sus obligaciones a corto plazo. La ‘crisis del tequila’ se había desatado. El sector bancario, a tan sólo cuatro años de su privatización había entrado en su más profundo conflicto y que no empezaría a experimentar un nuevo crecimiento hasta 2002.

Fusión de dos grandes

Iniciaba un nuevo milenio y para la banca mexicana significó el inicio de uno de los fenómenos recientes más importantes de la banca en el mundo, la internacionalización. En esta parte de la historia aparece el Banco Bilbao Vizcaya (BBV), una institución española que llegó a México en 1991 con una participación en el Banco Mercantil Probursa, dirigido por José Madariaga Lomelín. La Casa de Bolsa Probursa, fundada y encabezada por Madariaga, fue durante la etapa de la banca estatizada una de las instituciones bursátiles que alcanzó mayor desarrollo e institucionalización, lo que la llevó a adquirir el Banco Mercantil de México el 7 de junio de 1991, el primer banco que se vendió en la reprivatización. Madariaga había ido a España con la idea de atraer inversión de la banca española a México, la cual era prácticamente inexistente, fuera de las oficinas de representación. En 1991 hubo un acercamiento con BBV que fue inmediato, ya que este banco consideraba que el mercado español estaba saturado y por lo tanto había un interés en nuevos mercados, como era el caso del mexicano. BBV entró a Mercantil-Probursa con una participación de 1%. En 1993 aumentó a 20%. Años después adquirió 70% de Mercantil-Probursa y en 1996 compró Banco de Oriente y Banca Cremi.

 

En México, BBV-Probursa ya había ganado fama con la introducción de El Libretón, un producto para ahorro en pequeña escala. En septiembre de 1999, BBV-Probursa se acercó a Bancomer para expresar su interés de invertir en ellos. Ya se pensaba en la necesidad de buscar un socio pero la propuesta fue sorpresiva.

En agosto de 2000, BBVA Probursa adquirió una parte accionara que le daba el control de Bancomer. A su vez, Bancomer había adquirido Banca Promex en mayo de 1998, y estaba por entrar en proceso de fusión con ese banco. La fusión de tres bancos con tres plataformas distintas sería un proceso complicado que multiplicaría los retos.

En marzo de 2004 el Grupo BBVA adquirió prácticamente la totalidad de las acciones de BBVA Bancomer. Esta adquisición conllevó un proceso de fusión complejo y difícil pero sumamente fructífero. En poco tiempo el banco se convirtió de nuevo en el líder y alcanzaría un desempeño impecable. En 2005 se realizó el finiquito de los pagarés Fobaproa, cerrando el capítulo de la crisis y ese mismo año volvería a cotizar sus acciones en la Bolsa Mexicana de Valores.

Se abrió totalmente una nueva etapa para el banco, con el lanzamiento de nuevos proyectos como la Banca Hispana, Banca Privada Bancomer, mayor número de créditos a microempresas, lo que le valió un reconocimiento por parte de la Secretaría de Economía. Para inicios de 2007, el Grupo BBVA y BBVA Bancomer iniciaron una estrategia para participar en los mercados microfinancieros en América Latina, lo que significa un proceso sin precedentes en la bancarización de la región.

 

Y lo que sigue…

El futuro de México presenta retos y oportunidades para el banco. Retos ante la estructura demográfica de la población -mayor número de adultos en edad de trabajar-, ante una población aún no bancarizada, y ante las condiciones políticas y económicas que se presenten. Esto representa, a su vez, una oportunidad única para mantenerse como un líder y actor central de la vida económica y social del país.

Para consolidar empresas como BBVA Bancomer se necesitan años de creatividad y trabajo arduo. Su historia es la historia de miles de empleados y funcionarios de todos lo niveles que a lo largo de 75 años se han dedicado a dar lo mejor de su esfuerzo a la institución.

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