Obama afianza sus posibilidades tras un áspero debate

Posted on febrero 28, 2008 por

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Jueves 28 de febrero de 2008 | Publicado en la Edición impresa 


WASHINGTON (De nuestro corresponsal).– El moderador cerró el debate y Barack Obama, de inmediato, posó la mano derecha sobre la espalda de Hillary Clinton. Ambos se levantaron y se estrecharon las manos. El, con gesto adusto y la mano izquierda en el bolsillo del pantalón; terminado el saludo de rigor, se dio media vuelta y sonrió de oreja a oreja. Sabía que no había perdido el debate (acaso tampoco lo había ganado) y que, dadas las encuestas, entonces lo suyo era un triunfo.

Obama y Clinton se cruzaron repetidas veces ayer, pasada la medianoche argentina, con ella dominando y siendo más agresiva, pero con él evitando cometer errores. El saldo resultó contundente. Ante miles de eufóricos seguidores, él calificó de “fantástico” el debate en Ohio, mientras que ella debió desmentir que analice, por estas horas, abandonar la pelea por la candidatura demócrata. “Estoy haciendo todo lo posible por ganar. Eso es lo que pretendo hacer”, reafirmó.

La suerte de uno y otro anteanoche no era algo menor. Hillary necesitaba debilitar a Obama para cortar su racha de once victorias consecutivas.

Hasta hace dos semanas venía bien posicionada para lograrlo el martes próximo en los grandes estados de Texas y Ohio, con diferencias de dos dígitos, pero el panorama se revirtió en el primero y se emparejó en el segundo. Y como planteó su marido, Bill Clinton, si ella no gana en los dos, quizá deba abandonar la pelea por la nominación por el Partido Demócrata.

La imagen que dejó Clinton en el vigésimo debate entre los precandidatos demócratas es la de una boxeadora. Rápida para golpear, para defenderse y más aún para contragolpear con frases duras o sarcásticas. La imagen de Obama es muy distinta, y se acerca más a la de un maratonista. Lento para reaccionar, pero mortífero si se le dan unos minutos y distancia.

El debate -el último antes del martes- reflejó esas diferencias: Clinton lanzó todos los ataques que pudo y Obama, que marcha en primer lugar, optó por mostrarse amable y distendido -“presidencial”, según sus asesores-, para acentuar aún más el contraste entre ambos.

Ni Clinton ni Obama, sin embargo, se quedaron con una victoria clara, aunque el debate fue para ella, “por puntos”. O como lo resumió Los Angeles Times , “cada uno intentó desequilibrar al otro, pero ninguno conectó golpes ganadores”. O siguiendo con la metáfora boxística, la cadena NBC: “Clinton golpea, pero no noquea”. O también la revista Time : “Choque de estilos en Ohio”.

¿Qué ocurrió? Para empezar, debatieron durante 16 minutos cuestiones técnicas sobre sus planes para reformar el sistema de salud, hecho que por sí solo lleva a pensar: ¿sería posible realizar un debate similar en la Argentina? Ni hablar de 20 para un partido, a los que se sumarán otros más para las elecciones generales.

Ambos precandidatos pudieron señalar, además, que su rival era “impreciso” o “engañoso” en sus críticas, sin que el receptor lo considerara una afrenta a su dignidad como ser humano que alguien le exigiera explicaciones. Y así fue al abordar el tema de salud, los posibles cambios sobre el acuerdo de libre comercio de América del Norte (Nafta) o la guerra en Irak.

Insistencia

En esa línea, también, fue notable el papel de los dos periodistas que moderaron los 90 minutos. Eficaz trabajo de archivo mediante, los forzaron a explicar sus cambios de actitud parciales o completos con respecto a años atrás, por ejemplo, sobre el Nafta. Y cuando uno de los dos intentaba escabullirse, insistieron.

Como a lo largo de la campaña, el fuerte de Clinton volvió a ser su precisión: datos, fuentes, nombres, citas y números. Como ella misma se reconoce, “una maquinita”. Cuando un moderador les preguntó qué pensaban sobre el aparente sucesor de Vladimir Putin en el poder ruso, Obama ni amagó responder, mientras que ella demostró que dominaba el desafío.

El fuerte de Obama fue, también como a lo largo de las primarias, su personalidad, un activo tan poderoso como inasible. Cuanto más se esforzaba Clinton por encontrarle un punto flojo, más templanza mostraba él. ¿Ejemplo? El líder de la entidad norteamericana Nación del Islam, Louis Farrakhan, anunció días atrás su apoyo a Obama. Es decir, algo muy parecido al “beso de la muerte”, ya que Farrakhan es conocido y repudiado en Estados Unidos por sus exabruptos antisemitas. Un moderador le preguntó qué pensaba y Obama planteó que no podía acallar a Farrakhan, pero que repudiaba sus ideas. Se solidarizó con la comunidad judía y elevó a Israel a la categoría de amigo “sacrosanto” de Estados Unidos en Medio Oriente.

Clinton vio una oportunidad. Recordó que durante su campaña senatorial de 2000 le pasó algo similar. Y que no sólo repudió a quien la había apoyado, sino que lo había “rechazado”. “Hay que ser más efectivo en la respuesta”, señaló.

Pero lo que pudo ser una situación embarazosa para Obama concluyó con risas del auditorio. En vez de trabarse en una lucha dialéctica, sonrió, la miró y le planteó a Clinton la nimiedad semántica. “Si es tan diferente «rechazar» de «repudiar», pues hago ambas.” Y a otro tema.

La frustración ya era evidente en Hillary. Afirma que para gobernar desde 2009 será necesario “luchar” contra los republicanos y los grupos de interés, y considera que Obama no está preparado para eso. Pero no logró difundir esa visión entre los votantes, como ayer tampoco logró arrastrar a su rival a la ciénaga iraquí.

Promediaba el debate cuando minimizó el célebre repudio de Obama a la invasión de Irak (“discursos hubo muchos”, ironizó) y señaló que desde que él es senador ambos votaron igual sobre la guerra. Pero la respuesta de él fue, palabras más, palabras menos: “Yo te dije que no metieras el auto en el barro. Ahora, si ya lo metiste, sólo hay un puñado de medidas por tomar”. Sonrió y allí quedó todo. Hasta el siguiente enfrentamiento.

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