Posted on febrero 28, 2008 por

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Domingo 24 de febrero de 2008. Núm. 1309 

Hillary clinton siempre ha sido una mujer que no se rinde. Sus partidarios dan fe de su resistencia (cómo en una interminable reunión de estado sobre los subsidios a la El tortuoso matrimonio de Bill y Hillary Clinton sale a la luz en dos librosagricultura, hizo preguntas agudas cuando todos los demás estaban dormidos; cómo después de miles de bosquejos de un importante discurso político, ella misma lo escribió). Luego está su matrimonio, cómo después de que Bill la avergonzó frente al mundo, ella se mantuvo fiel a su marido. Ella prospera sobreviviendo a todos. El marido adúltero y la empalagosa prensa acreditada, los aburridos trajes de chaqueta y pantalón y la mala comida de la campaña. Esto hubiera hecho caer a la mayoría de los candidatos. No a Hillary. Ella espera, trabaja y gana.
Excepto cuando ella y su marido pierden. En sus 35 años de vida pública, la lista de derrotas de Bill e Hillary Clinton en el día de la elección es corta (una postulación para el congreso en 1974, un reelección para el gobierno de Arkansas en 1980 y elecciones intermedias de 1994). Estos reveses sacaron el lado oscuro de ambos Clinton (su carácter temperamental, su autocompasión y deseo de venganza). Pero los Clinton también han mostrado una extraordinaria capacidad para aprender de sus errores, para reinventarse a sí mismos y vivir un día más. Después de la serie de 11 victorias consecutivas de Barack Obama en las elecciones primarias, un retorno de Clinton parece improbable, pero está lejos de ser imposible. Los días que faltan para la contienda bien podrían estar determinados por las lecciones aprendidas en momentos anteriores de desesperación electoral.
Perder una elección afecta mucho a Bill Clinton. En “First in His Class” (Primero en su clase), la biografía de los primeros años de Bill Clinton, David Maraniss describe a un joven Bill poniendo cara de valiente después de perder la elección a la presidencia del Consejo Estudiantil en Georgetown, mientras que por dentro estaba devastado. “Ésa le dolió”, declaró a Maraniss Kit Ashby, amigo íntimo de la época de Georgetown. “A él le lastima mucho cuando alguien dice: ‘No me agradas, no eres lo suficientemente bueno’”. Después de la derrota de 1980 (un golpe inesperado), Clinton se hundió en el temor. En  las calles de Little Rock, le preguntaba a los desconocidos: “¿Por qué cree que perdí?”
Para Hillary, la derrota a veces provoca paranoia. En agosto de 1974, Hillary Rodham se mudó a Arkansas, donde su novio, Bill Clinton, se postulaba para el Congreso. (Los Clinton se casaron en 1975.) Era una empresa improbable: Clinton, de 28 años, recién egresado de Oxford y Yale, competía contra una institución de Arkansas, el titular republicano John Paul Hammerschmidt. Pero en la noche de la elección, las primeras noticias indicaban un resultado inesperado a favor de Clinton. Cuando los resultados posteriores dieron a Hammerschmidt una ventaja de sólo 6,000 votos, las oficinas centrales de Clinton bullían de rumores sobre un juego sucio. Ron Addington, asesor de campaña, dijo a newsweek que Hillary estaba furiosa y ansiosa de emprender acciones. “Llame al Procurador General de EE UU”, dijo Hillary, de acuerdo con  Addington. “Tenemos que asegurarnos de que no se roben esta elección”. Addington añade que los Clinton viajaron en plena noche a un juzgado en Ft. Smith, Ark., para observar el recuento de votos.
Es posible que Hillary haya tenido razón —aún se pone en duda la legitimidad de la victoria de Hammerschmidt— pero Addington dice que el enfoque “dominante” de Hillary fue demasiado “estricto” para una campaña política en Arkansas: “En Arkansas, uno no va y pone en tela de juicio la legalidad del juzgado del distrito que cuenta los votos”. Bill Clinton comprendió la realidad política más amplia. Reconoció en un amigable telegrama a Hammerschmidt: “Si alguna vez puedo serle de utilidad en sus intentos por ayudar a las personas del Tercer Distrito Electoral, por favor llámeme”.
Es en tales momentos de derrota que los Clinton muestran su extraordinaria habilidad para levantarse. Después de la derrota de 1980, empezaron a reinventarse como centristas. Uno de los primeros objetivos de transformación fue su imagen como pareja. Hillary abandonó su apellido, Rodham, y se convirtió en animadora pública a favor de las políticas de su marido. Una década después, cuando el programa de la pareja en la Casa Blanca fue rechazado en las elecciones intermedias de 1994, asumieron un enfoque similar, terminando su “copresidencia” y disminuyendo el papel público de Hillary. “Ella consideró la elección de 1994 como un rechazo hacia ella”, afirma un funcionario del gobierno de Clinton que declinó hablar oficialmente acerca de su matrimonio. “Ella sabía que debía desaparecer durante un tiempo”.
En otras palabras, el hecho de perder le ha enseñado a Hillary Clinton que a veces debe sacrificarse por un bien mayor para los Clinton. Puede ser una lección que vale la pena recordar si no logra detener a Obama el próximo 4 de marzo. Una pelea prolongada y desagradable por el nombramiento mancharía el nombre de Clinton y podría poner en peligro el partido a cuya construcción Hillary y Bill han dedicado tres décadas. El lugar de los Clinton en la historia es demasiado valioso para ellos como para que Hillary corra ese riesgo. Después de todo, en los libros de historia, puede ser la mujer que admitió su derrota elegantemente —y la mujer que nunca se rindió—.
Con Sarah Kliff y Elise Soukup.

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