Palabra de Estopa

Posted on febrero 27, 2008 por

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Texto de Joaquim Roglan
Fotos de Carlos González Armesto
Estopa sigue creciendo a partir de sus raíces. Los hermanos Muñoz  presentan un nuevo disco, Allenrok , que juega con el nombre de su ciudad (Cornellà) dicho al revés y en el que han querido componer hasta los arreglos. Fieles a sí mismos y a su mundo.

Han pasado seis años desde que los hermanos David y José Muñoz se levantaron de la noche a la mañana vendiendo más discos en España que Michael Jackson, Sting, Backstreet Boys, Mick Jagger, Miguel Bosé o Madonna. Por aquel entonces, poca gente de más allá de Cataluña sabía que Cornellà del Llobregat es una ciudad con más de 100.000 habitantes, según la historia oficial del Ayuntamiento de Cornellà, o de 85.000 habitantes, según las propias estadísticas oficiales del Ayuntamiento de Cornellà, además de que nunca se sabe cuánta gente hay sin empadronar. “Entonces había un inmigrante por cada diez vecinos de nuestro barrio y ahora ya somos mitad y mitad”, comparan aquellos chicos que situaron a la periferia de Barcelona en el mapa musical y sentimental de España y que no han cesado de partir la pana hasta vender cientos de miles de discos.  Así que ahora vuelven a la carga con su nuevo trabajo, Allenrok, “que significa Cornellà al revés, pero con k”, traducen.
Para que no queden dudas, la portada del disco es un dibujo algo naïf que representa su ciudad reconvertida en un parque de atracciones. “Como Port Aventura o así, con su zona árabe y una mezquita que no existe, pero que podría existir; con su zona china, su zona pirata, su zona verde, la torre de la Miranda, el depósito de agua que ya ha desaparecido, el bar La Española donde nos criamos, con la casa presidencial donde vivía José Montilla, con muchas grúas y con las mazmorras, en recuerdo de cuando en la comisaría de frente a nuestro bar me pedían que formase parte de las ruedas de reconocimiento de detenidos y siempre iba con el mosqueo de si alguien se equivocaba y me señalaba a mí”, recuerda David mientras señala el mapa lo que su hermano José llama “un parc-canciones”.
Muchas cosas han cambiado en su paisaje durante esos ocho años. “No había tranvía, el colegio donde estudiamos es el consultorio de un dentista, ya no hay descampados, todo son placitas con aparcamientos subterráneos, que se llevan mucho, y el resto zona azul  de pago, que es un crimen…” Por entonces, el presidente de Catalunya era Jordi Pujol, que puso a los chicos de Estopa como ejemplo de catalanes de primera generación que demostraban cómo funcionaba el ascensor social cantando en castellano y contando las cosas que pasaban en su barrio.  Por entonces, José Montilla era el alcalde de Cornellà y ahora preside Cataluña. “Desde que era alcalde, Montilla viene a vernos actuar siempre que puede, y nos une una cierta relación, aunque no somos carne y uña. Somos de izquierdas, pero no sabemos si somos más de izquierdas que Montilla, porque nunca hemos hablado de política en una tertulia de bar y off the record, que es como nos gusta hablar de política. La vivimos y hay muchas cosas que nos indignan, pero nunca diremos a quién votamos ni a quién hay que votar, porque sería prostituir la política y prostituirnos a nosotros mismos.

De vuelta al bar la española
Aunque todo ha cambiado en su vida y en su entorno, los hermanos Muñoz  siempre vuelven al bar La Española, allí donde José era un crío tan pequeño que se subía a una caja de cervezas para poder llegar al fregadero, lavar vasos y ayudar a su padre, Pablo, y a su madre, Paula. Ahora regenta el bar Santi, que es el vecino del piso de arriba y proviene de Chillón, un pueblo extremeño cercano a Zarza Capilla, de donde emigró la familia Muñoz para ganarse la vida en Cataluña. “Nos da cierta pena, porque cuando vemos a Santi es como si nos viésemos a nosotros mismos, y es que vivimos aquí desde los siete hasta los veintidós años. Pero Santi sigue cocinando el cochinillo de Chillón como mi padre hacía su famoso cochifrito. Y mi padre también le pasó la receta secreta de aquellos caracolillos que venía a comer gente de toda Barcelona y hasta de Badalona…” Era cuando se ganaban la vida apretando miles de tornillos cada día en una cadena de montaje
y ayudando en el bar. “Nuestro
único futuro era la fábrica y el bar.”
Hace cinco años que sus padres traspasaron La Española, que sigue decorado con fotografías de Estopa, aunque se llevaron los discos de oro, de diamante, de platino y se mudaron de un piso pequeño en un bloque vertical a una casa del vecino municipio de Sant Feliu de Llobregat. También David se ha ido a vivir a la vecina población de Esplugues, donde acaba de ser padre. “Nunca imaginé que a causa de un hijo mi casa sería un espacio sin humo y tendría que salir al balcón o a la calle para fumar…” Y José se ha trasladado al barrio barcelonés de Les Corts. “Pero todos vivimos a cinco minutos, en casa de nuestros padres tenemos el estudio de música y componemos las canciones, y en Cornellà tenemos los amigos, jugamos a basket, nos tomamos las cervecitas y salimos de noche. Muchos amigos también se han casado y se han ido a vivir a Viladecans y Sant Boi, y es normal, pero todos volvemos porque llevamos Cornellà en el corazón, igual que hace cuarenta años que nuestro padre vive en Cataluña y lleva Zarza Capilla en el alma.”
En este tiempo, la familia Muñoz ha aumentado con un niño, “me va a querer más que a nadie, ya tenía ganas de ser abuelo”, promete Pablo Muñoz. Pero se les ha muerto la abuela Juliana, que en la primera maqueta de Estopa gritaba: “¡Que os calléis!”. Desde aquella primera maqueta, en cada nuevo disco sus nietos citan alguna frase de la abuela Juliana. “Aún nos queda la abuela Antonia, pero la abuela Juliana nos crió, porque nuestros padres se pasaban la vida trabajando. Ella nos decía frases como ‘cuerpo triste, que por donde entraste saliste’ o ‘ya voy, ya voy, pero quieto me estoy”, cuando llegábamos a las tantas de la noche y nos levantábamos a media tarde. Pero su frase más repetida era: ‘Callaros ya, ¿pero os pensáis que os vais a ganar la vida tocando la guitarra?

Tópicos y patrañas
Ni en sus sueños de adolescencia lo pensaron. “Es cierto que nos ganamos la vida con la guitarra, pero aún no entendemos por qué y no pensamos el motivo. Lo hemos asumido, pero plantearse el porqué sería malo, lo ligaríamos con el triunfo, y si te autopsicoanalizas metes la pata. Porque no es cierto que mucha gente de la clase obrera sobresalga, ni es cierto aquello de los hombres salidos de la nada y hechos a sí mismos que nos ponen como ejemplo. Eso es una ilusión, una patraña para dar esperanzas a la gente y que funcione el sistema. Es como la lotería, que no puedes contar con ella. Por eso, ahora que reflexionamos sobre lo que nos ha pasado, lo único que sabemos es que hemos tenido mucha suerte.”
Su padre sí soñaba con los Beatles cuando cerraba la persiana del bar y les dejaba tocar y cantar para los amigos y la clientela, o cuando les llevaba de garito en garito durante sus primeros pinitos, y cuando se cruzaba media España en coche mientras ellos dormían detrás para ganar cuatro perras, y cuando grabaron aquella primera maqueta… “Por eso consideramos irracional esa gente que tiende a olvidarse de lo mal que lo han pasado. En los años sesenta y setenta del siglo pasado, miles de andaluces y extremeños llegaron a Cornellà huyendo de la pobreza, como ahora lo hacen los árabes o los sudamericanos, o los chinos… Y vivían hasta doce amontonados en un piso que les realquilaba alguna dueña. Era lo mismo, pero ahora lo llaman camas calientes y está peor visto. Que alguien se queje ahora porque se meten siete árabes en un piso alquilado nos parece una amnesia irracional.”
Nunca han olvidado la mala fama que tenía el barrio de Sant Ildefons, conocido también como ciudad satélite. “Íbamos a Barcelona y cuando decíamos dónde vivíamos, las pijas nos preguntaban si teníamos agua corriente, y los pijos se creían que salíamos del infierno y les robaríamos la cartera. Pero teníamos buenos profesores y buenos institutos, que nos infundieron conciencia social, y ahora Cornellà tiene muchos universitarios.” David aún tiene clavada la espina de no haber podido estudiar la carrera de Historia, “por culpa del inglés, que no es lo mío”. Lo suyo era la poesía, según recuerda una nueva canción donde hablan de unos cuadernos que habían olvidado. “Los encontré en el fondo de un mueble de mi madre. Era cuadernos con apuntes de matemáticas y al lado había poesías con versos que decían cosas como ‘soy la rata de tu casa’. Mi madre estaba preocupada y espantada por lo que le pasaba a su niño”, ironiza David. Su madre se llevó un disgusto cuando los dos hermanos dejaron los estudios para ponerse a trabajar, pero le salieron “muy trabajadores, muy honrados y daban todo el sueldo en casa para que se lo administrásemos. Sólo me daba miedo que pasasen demasiadas horas en la calle, porque en la calle no se aprendía nada bueno”, evoca Paula.
Ellos aprendieron lo que era un calorro, un quinto, una tapa, una huelga, una manifestación y más de algún tipo salido de página. “Nuestra cultura es de bar y de calle, y es lo que contamos en nuestras canciones. Al fin y al cabo, Cornellà y otros barrios como el nuestro en toda España son como pueblos. Vas a Barcelona, preguntas a alguien en Portal de l’Àngel dónde está la calle Avinyó y nadie lo sabe. Aquí cualquiera sabe dónde está la calle Acacias.”

Antes de que su música y sus letras tan personales fuesen difícilmente catalogables, sólo habían viajado a “Zarza Capilla, a la playa de Cunit y a Mallorca de viaje de final de curso, ni Andorra conocíamos. Ahora hemos estado desde Argentina hasta Japón, pasando por Hungría para grabar un anuncio, hemos flipado y hemos descubierto que el mundo es más pequeño de lo que parece, que la gente no es tan distinta y que un barrio de México puede parecer un barrio de Madrid, aunque Japón sea como un planeta distinto, la gente haga otros gestos y tenga otros ojos”. En su nuevo disco salen muchos ojos, negros, bajo la noche o el día, ojos que ganan matices conforme maduran y crean canciones. “Es cierto, porque hay más miradas y son miradas hacia dentro más que hacia fuera, todo es más interior… Este disco lo producimos nosotros, mientras que los anteriores eran coproducciones. Hemos compuesto hasta los arreglos, pensando en perspectiva, como un decorado, con la iluminación y la puesta en escena… No hay nada que no nos guste, ni una injerencia del productor. Hemos vestido cada canción, y ya no es todo el mismo filtro, cada una tiene detalles especiales y únicos. Mark Bleines, que de verdad se llama Marc Blanes, se luce como técnico de sonido, y animamos a otros autores a que hagan sus producciones, porque si nosotros hemos podido, ellos también pueden.”
También animaron a los jugadores y a la afición con su Showtime, que fue el himno del Eurobasket. “Los jugadores nos decían que les ponía las pilas (y aprovechamos la ocasión para apoyar a Pau Gasol y a Navarro, que no desespere. Hay que ir a por el anillo de la Liga de la NBA).” Siempre riendo, de buen humor, rodeados de vecinos que los saludan porque los conocen de toda la vida, allá por donde vayan de su barrio. El bar Monchísimo, el bar Gregorio, el Tijuana, que es donde rodaron el DVD de su Destranjis y de su Partiendo la pana. “Los vecinos se quejaron por el ruido y lo han cambiado de sitio, pero vamos la misma gente de siempre.” Y otro recién descubierto, que como no recuerdan su nombre “lo llamamos el de Aragón,  porque tienen una cerveza aragonesa de barril que es cosa fina y potente…”. Una caña por aquí, una tapa por allá, colegas, amigos que también maduran y jóvenes que han tomado su relevo en las calles y en los bares… Y enuncian así su nueva teoría. “Antes, la periferia eran las ciudades que rodeaban Barcelona; ahora, la periferia es Barcelona, porque en estos barrios hay más creatividad, desde las juanis hasta los coches tuneados, con su propia moda, con sus propios gustos y estilos, que ya empiezan a imitar hasta las marcas más caras…”
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