Ladrones de tumbas, un negocio peligroso en Egipto

Posted on febrero 26, 2008 por

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EFE
El Universal
El Cairo
Lunes 25 de febrero de 2008

07:05 Decenas de egipcios cegados por la codicia y la credulidad han muerto en los últimos años sepultados en las oscuras excavaciones clandestinas que realizan con la esperanza de hallar un fabuloso tesoro faraónico.

Los hay que buscan joyas y oro que vender clandestinamente en el mercado de antigüedades, pero otros buscan el legendario “mercurio rojo” , el elixir de la dicha, la riqueza y la salud eternas, un elemento químico que según la creencia popular se encuentra en cápsulas ocultas en las gargantas de la momias egipcias.

Los ladrones de tumbas nunca han descansado, pero desde enero pasado se ha desatado una auténtica fiebre de búsqueda de riquezas faraónicas en la localidad rural de Nahia, en el oeste de El Cairo.

Este frenesí quedó al descubierto cuando algunos lugareños de la zona denunciaron que sus viviendas afrontan el peligro de desplomarse por las fosas que muchas personas excavan con la ilusión de hallar antigüedades.

Una ilusión que el experto Alaa al Chahat, responsable de la zona arqueológica próxima a Nahia, descartó rotundamente.

“Yo envié a expertos a ese área para investigar, pero no encontraron ningún indicio de artefactos faraónicos. La presunta existencia de tesoros en Nahia no son más que rumores difundidos por charlatanes”, dijo Chahat.

“Los timadores convencen a los ingenuos de que el subsuelo de sus viviendas oculta tesoros de incalculable valor, y que para extraerlos se requiere someter al duende que los custodia” , explicó el responsable egipcio.

“Y, claro -agregó Chahat en tono burlesco-, los charlatanes cobran a sus clientes altas sumas de dinero para comprar los sahumerios y talismanes necesarios para que los duendes permitan a la gente extraer los supuestos tesoros”.

Por su parte, Achur Abu Mohamed, un fontanero que vive en Nahia, relató algo similar, al confirmar que presuntos hechiceros alientan a la gente de su vecindario a extraer las supuestas riquezas arqueológicas del suelo de sus hogares.

“Ellos también han propagado el rumor en mi barrio de que mi casa oculta un tesoro” , explicó Achur.

“Pero yo no estoy dispuesto a arriesgar mi vida, mi casa o perder dinero, como le sucedió a un conocido comerciante, que gastó más de 72 mil dólares en pagar los ritos del hechicero y los trabajos de excavación, y al final no hallaron nada, lo único que hicieron fue dañar los cimientos” , subrayó.

De todas formas, Achur agradece a Dios que hasta el momento no se hayan producido desenlaces fatales en la búsqueda del tesoro en su pueblo, como ha sucedido en otras zonas del país, donde decenas de personas han muerto bajo toneladas de tierra y roca.

Hace dos años, seis jóvenes sufrieron ese infortunio en el interior de una gruta en unas canteras de Heluan, en el sureste de El Cairo.

Según la prensa local, esas seis personas -junto a otras tres, que fueron rescatadas milagrosamente con vida- llevaban 10 días excavando infructuosamente en la caverna.

La misma trágica suerte corrió a principios de 2006 el obrero Hosni Mutamed, de 48 años, que murió cubierto por la tierra en un pasadizo de unos 10 metros de largo que había excavado en una vivienda con el ambición de extraer un “valioso tesoro” , en la provincia sureña de Sohag.

El suceso quedó al descubierto cuando un campesino, vecino de Mutamed, denunció ante la policía que el suelo de una habitación de su casa se hundió repentinamente, y que desde el subsuelo le llegaban los gritos sofocados de una persona.

Asimismo, a fines de enero pasado, Diaa al Sayed, de 24 años, murió sepultado en una fosa de 15 metros de profundidad, que junto a cuatro amigos había excavado en una vivienda para extraer “el tesoro” , en el distrito de Al Saf, en el sur de la capital egipcia.

Pero, algunas veces, las búsquedas clandestinas han aportado descubrimientos que la egiptología desconocía, como ocurrió en octubre de 2006.

Doce hombres excavaron en el subsuelo de la casa de uno de ellos, en la provincia de Al Fayum, un foso por el que llegaron a un pasadizo de 40 metros que conducía a un mausoleo faraónico.

El estruendo que armaron fue tal que fueron descubiertos “in fraganti” y, gracias a ellos, las autoridades egipcias encontraron una tumba cuya existencia había sido un secreto durante siglos.

grg

Publicado en:

El Universal

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