¿Hay vida después de un ‘Oscar’?

Posted on febrero 26, 2008 por

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Publicado el 25/02/2008, por Eduardo Torres Dulce

No creo que las casas de apuestas se hayan hecho aún más ricas tras la 80 edición de los Oscar, pues casi todo el pescado, el más apetitoso y notorio, parecía vendido de antemano. Todas las previsiones se han cumplido. Han ganado los Coen, Day Lewis y Bardem, e incluso la estatuilla de la Cotillard-Piaf entraba dentro de las más conservadoras quinielas.

¿Por qué Javier Bardem tan holgadamente? Uno, porque no competía con Daniel Day Lewis; astutamente, su productora lo presentaba en la categoría de mejor actor secundario, lo que no se entiende bien ya que sin el personaje de Bardem No es país para viejos no tiene sentido. En esa película, él es tan protagonista como Tommy Lee Jones. Entre los secundarios, tenía muchas posibilidades, mientras que como actor principal sus bonos bajaban notoriamente (se enfrentaba a una vaca sagrada como Daniel Day Lewis ); conviene no recordar cómo perdió hace siete años con un papel protagonista, el del poeta cubano Reinaldo Arenas, en Antes que anochezca –dirigida por Julian Schnabel, y que lo hizo frente a Russell Crowe. Dos, porque Bardem es un actor conocido y apreciado en Hollywood, y no debemos olvidar que el colectivo de actores y actrices decide numéricamente muchas cosas en la Academia.

La sombra de Almodóvar
Ese conocimiento, raro pero no infrecuente para un actor de habla no inglesa, le viene por una vía muy importante y considerada en Hollywood: Pedro Almodóvar. Ese camino le llevó a trabajar en la película del pintor cineasta Schnabel, quien se mueve como pez en el agua en los reducidos pero muy influyentes círculos neoyorquinos (véase su inesperada nominación como director por La escafandra y la mariposa). Un plus: estar y protagonizar Mar adentro, de Amenábar que ganó un Oscar como mejor película de lengua extranjera. Tres, escoger cuidadosamente sus personajes en películas internacionales, como el inquisidor de Los fantasmas de Goya, dirigida por el oscarizado Milos Forman.

Cuatro, estar en el reparto de la película ganadora, No es país para viejos, pues en esa pole position, el arrastre de votos para casi todas las categorías es casi matemático; y que los Coen sólo pensaran en él y en nadie más es harto significativo. Cinco, encarnar con oficio, un personaje muy bien caracterizado, como ese asesino de peinado imposible y arma extravagantemente letal, que se graba con facilidad en la retina de cualquier espectador. Y seis –last but not least–, transmitir una personalidad muy en sintonía estética y política con la moda hollywoodiense que ahora mismo encarna el muy influyente George Clooney (sólo a él le debe la desvaída Tilda Swinton –compararla con la Blanchett me produce sarpullido crítico– el Oscar de mejor actriz secundaria por su trabajo en Michael Clayton, producida por Clooney). Bardem ha ganado dentro y fuera de Estados Unidos todos los premios y con eso ya queda dicho todo.

El futuro en Hollywood de Bardem está no sólo en sus manos. Desde luego que parece que ha decidido trabajar todo lo que pueda fuera de España, y mayoritariamente en películas norteamericanas, pero todo dependerá de lo que le ofrezcan.

Españoles en la meca del cine
Banderas tiene un nombre y una gran posición en Hollywood, y Penélope Cruz, y ahora Paz Vega y quizás Elena Anaya, trabajan con facilidad por esos pagos, pero sobre todo el primero está tan encasillado en latino como el propio Andy García. Bardem debe hacer olvidar cuanto antes el colorista asesino de la bombona de aire comprimido o los productores y directores pensarán en él como un formidable actor de carácter; eso no es malo, pero reduce el alcance profesional de alguien que parece no ponerse límite a lo que desea para su futuro y conociendo un poco el percal estoy seguro que no desdeña batir finalmente a Daniel Day Lewis, Clooney o Russell Crowe.

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