Duelo final en Texas

Posted on febrero 25, 2008 por

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Obama y Clinton se juegan su carrera electoral el próximo 4 de marzo.

ANTONIO CAÑO – Dallas – 25/02/2008

Barack Obama y Hillary Clinton se saludan tras el debate

Los tejanos, sobra decirlo, son gente recia que no se emociona con facilidad ni te regala una sonrisa por mera formalidad. Éstas no son las refinadas urbes del Este ni se toma el té a las cinco. Ésta es tierra de vaqueros y petroleros, de hombres y mujeres que han sudado sangre para sobrevivir en este desierto, de personas rudas pero cabales, tan temibles en el odio como confiables en el amor.

Si esa premisa se cumple, Barack Obama tiene razones para ser optimista ante el decisivo martes 4 de marzo, porque el mitin que celebró la semana pasada en la Reunión Arena de Dallas fue no sólo el acontecimiento político con mayor participación que se recuerda en esta ciudad, sino el de entusiasmo más desbordado entre los que se han visto en esta campaña.

En el pabellón deportivo se juntaron 17.000 personas, literalmente lleno hasta la bandera. Obama no dijo realmente nada distinto a lo que viene diciendo en otras ciudades. Pero ya no importa. Su poder de persuasión ha llegado a tal punto que dice “libertad” y la gente grita, dice “Kennedy” y la gente grita, dice “cambio” y la gente grita, dice “esperanza” y la gente patalea. Algunos lo compararon con un espectáculo deportivo. Tiene esa pasión sencilla que sucede a las hazañas deportivas, es cierto. Otros lo comparan con un concierto de rock. La participación juvenil, desde luego, es similar. Otros hablan de una experiencia mística. Todas las comparaciones pueden valer. Pero lo cierto es que la gente salía del estadio enardecida.

“Ya tenía decidido votar por él, pero hoy me he dado cuenta de que vale mucho más de lo que pensaba”, decía Sharon Grigsby, que trabaja en el equipo editorial del diario The Dallas Morning News. “Creo que ha defendido de forma muy solvente el porqué su mensaje de esperanza no es ingenuo sino imprescindible para este momento”.

Ése es, en efecto, el asunto central de esta fase de la campaña de Obama: rebatir las críticas sobre su supuesta superficialidad y convertir su promesa de cambio y esperanza en un arma política eficaz, que no dé sólo ánimos sino también votos. “Confío en mi capacidad para dirigir esta nación. Pero sin ustedes no soy nadie, ningún presidente lo es. Y ustedes están aquí porque saben que todavía podemos hacer grandes cosas, juntos, como una nación”, dijo el candidato demócrata en Dallas.

Antes que él, un dirigente local, más prosaico, puso las cosas en el punto exacto en el que están en la actualidad: “Un Estado más y esto está ganado. Ganando en Tejas, esto está ganado”.

Es una opinión muy extendida. Si Obama gana en Tejas u Ohio el día 4, es posible que esta carrera electoral concluya ese día. En ambos Estados, Hillary Clinton está por encima en las encuestas. Pero en Tejas esa distancia se ha ido recortando tan drásticamente como para que el último sondeo de la CNN, hace cinco días, le diera sólo dos puntos de ventaja a la senadora de Nueva York.

No va a ser fácil para Obama. En primer lugar, por la elevada presencia de electores hispanos -se calcula alrededor de un 25%-, entre los que Clinton ha tenido muy buena actuación en otras elecciones. En California, ganó el 65% del voto hispano, y con él ganó las primarias.

Además, mientras Obama era casi un desconocido aquí hasta hace poco tiempo, las raíces de Clinton en esta tierra son antiguas y profundas. Aquí le salieron los dientes en la política trabajando como activista electoral en el sur de Tejas para la candidatura de Hubert Humphrey, en 1968. Y regresó después en varias ocasiones, algunas de ellas para hacer campaña a favor de Bill Clinton.

Desde su irregular actuación en el supermartes, Hillary Clinton ha trabajado intensamente en este Estado con propaganda televisiva y presencia física. En la última semana no ha transcurrido un solo día sin que un Clinton no estuviera en Tejas, bien sea la candidata, su marido, el ex presidente Bill Clinton, o su hija, Chelsea, que ha participado en varios encuentros con votantes universitarios con más voluntad que acierto.

Si los esfuerzos de Chelsea no dan resultados milagrosos, el voto de los jóvenes es la base en la que Obama confía para revertir las encuestas -que hace dos semanas le declaraban perdedor por 30 puntos-; esos jóvenes que ya no se acuerdan de la campaña de Humphrey ni de la de Clinton y que ven a Obama como el candidato de su generación.

Se espera, como ha ocurrido en otros Estados, una participación récord, estimulada por la trascendencia de la elección. Hacía muchos años que Tejas no tenía un papel tan relevante en la política nacional. De mayoría republicana en el último periodo -George Bush cumplió aquí ocho años como gobernador antes de llegar a la Casa Blanca-, el ascenso de un candidato demócrata aquí podría ser muy importante también para las presidenciales de noviembre.

Clinton tiene hasta hoy ventaja en cuanto al apoyo de líderes locales e instituciones del partido. Obama lo contrarresta con una eficaz red de agitadores en la base del electorado, el mismo instrumento que le ha dado el triunfo en otros lugares.

Publicado en:

elpais

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