Cuba libre

Posted on febrero 25, 2008 por

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Por: Rogelio Carbajal Tejada | Opinión

Lunes 25 de Febrero de 2008 | Hora de publicación: 01:10

El anuncio realizado por Fidel Castro ha impactado al mundo, pero ciertamente la trascendencia de su decisión se sentirá en Cuba misma por más que se trate de ocultar. Los síntomas de la apertura cubana han comenzado a advertirse incluso antes de la noticia del retiro de Castro.
En efecto, hace apenas unas semanas, el compositor y cantante cubano Pablo Milanés exigió lo que pocos se atrevían a pedir públicamente: un cambio de política para la salida de los cubanos de su propio territorio. El también diputado al Parlamento cubano pidió al gobierno suprimir los permisos para viajar y por tanto liberalizar los requisitos de salida en Cuba.
El propio Raúl Castro —antes de la petición que Milanés externó en febrero— ya había advertido la necesidad de una apertura política en Cuba y apenas horas después de la renuncia anticipada de su hermano Fidel (la madrugada del martes de la semana pasada) anunciaba la puesta en libertad de un puñado de presos políticos que, sin embargo, siguen abundando en la isla.
Así, con el anuncio del hermano Castro, Raúl su hermano menor, asumirá formalmente los poderes que de facto ya detentaba desde la convalecencia del ahora ex presidente y sin duda su ascensión al poder cambiará los modos de su ejercicio. Raúl no es Fidel y su gobierno bien podrá catalogarse como de transición.
¿Qué tan larga será esta transición? Eso quizá está por verse, pero el hecho de que en Cuba ha iniciado un proceso de transformación es indudable, pues el factor de unidad política que el mayor de los Castro imbuía entre la clase dominante cubana era incuestionable. Su ausencia desatará un necesario recambio en el establishment cubano y en un juego político de esa naturaleza todo puede pasar. Este factor influirá decididamente en este proceso de apertura que poco a poco ocurrirá.
Al cambio del estatus político de la isla del Caribe también habrán de corresponder otros más. Así, habrá que estar atentos a las transformaciones económicas, sociales y culturales que ocurrirán. Con particular interés habrá que seguir lo que sucede en el ámbito económico, pues para nadie es un secreto que la economía cubana pasa, desde hace ya algunos años, por momentos difíciles, problemas asociados a diversas causas pero muchos de ellos debido al embargo estadunidense.
A la par de los cambios políticos y de la situación de su economía, el cambio social y las exigencias de apertura que cada vez más voces en su interior exigirán, implicarán un complicado escenario. Con poco más de 11 millones de habitantes, Cuba conocerá hechos que en su historia reciente desconocía. Por eso, el equilibro social será también un punto de cuidado esencial que no podrán ignorar las nuevas autoridades cubanas.
En medio de lo que sucede en el interior de Cuba habrá que atender a lo que en el exterior se diga entorno a la situación de la isla. La política norteamericana —que también mutará por más que se diga lo contrario— habrá de transformarse necesariamente, ajustándose ante los nuevos sucesos que apuntan a un nuevo régimen cubano. Es natural, sin duda, que en medio de un proceso electoral como el estadunidense se diga que su política hacia Cuba no cambiará. Pero sin importar el partido o candidato ganador, Estados Unidos comenzará una nueva etapa frente a Cuba en enero próximo.
Para la relación de México frente a Cuba la situación no tiene porque ser muy diferente. La política exterior mexicana tendrá que adecuarse ante las vicisitudes cubanas. México no puede darse el lujo de ausentarse del país caribeño y por eso hoy toma mayor dimensión la decisión del presidente Felipe Calderón —que hace ya varios meses tomó— al dar un paso a la normalización de las relaciones bilaterales después de algunos distanciamientos ocurridos en los años anteriores.
El nombramiento del nuevo embajador mexicano es resultado de esta nueva política exterior hacia la isla de Cuba y exigirá en los próximos meses un renovado ánimo para influir positivamente en el momento que vive aquél país. La cercanía que México debe restablecer será fundamental para este propósito.
En resumen: Cuba inevitablemente —y parece que más temprano que tarde— habrá de caminar hacia una apertura que liberalizará a su política, a su economía y a su sociedad. Las influencias del exterior también habrán de influir —positiva o negativamente— en ello y el país no puede quedarse al margen de una Cuba libre que necesitará de México como un socio confiable que lo ayudará en esta transformación.

rogelio.carbajal@gmail.com

Publicado en:

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