Después de los autos

Posted on febrero 24, 2008 por

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Un pueblo fanático de los artilugios  desestima al caballo de cuatro ruedas como algo ‘tan del siglo pasado’

Kimiyuki suda debe ser un cliente perfecto para los fabricantes de autos de Japón. Es un joven ejecutivo (34 años) exitoso de una compañía de servicios de internet en Tokio y tiene muchos ingresos disponibles. Tenía un Hilux Surf de Toyota, un vehículo deportivo. Pero ahora usa principalmente los trenes y el subterráneo. “No es inconveniente en absoluto”, dice. Además, “Tener un automóvil es muy del siglo pasado”.
Suda refleja una tendencia preocupante en Japón; el auto está perdiendo su atractivo, particularmente entre los jóvenes, que prefieren gastar su dinero en los más recientes artilugios electrónicos. Aunque los miniautos y las marcas de lujo extranjeras siguen siendo populares, todo lo que está entre ellos se encuentra en declive. El año pasado, las ventas cayeron 6.7 por ciento —7.6 por ciento si no se tiene en cuenta el mercado de los miniautos. Ha habido mayores caídas de un año en otras naciones: las ventas en Alemania cayeron 9 por ciento en 2007 debido a un incremento tributario. Pero los analistas dicen que Japón es un caso único en cuanto a que las ventas han estado reduciéndose regularmente con el paso del tiempo. Desde 1990, las ventas anuales de autos nuevos han bajado de 7.8 millones a 5.4 millones de unidades en 2007.
Alarmada por este estado de decadencia, la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Japón (JAMA, en inglés) puso en marcha un estudio exhaustivo del mercado en 2006. Encontró que una creciente diferencia en cuanto a riqueza, cambios demográficos —menos familias con hijos, una población urbana en crecimiento— y una general falta de interés en los autos han llevado a los japoneses a conservar sus vehículos por más tiempo, a reemplazar sus autos con otros más pequeños o a dejar de usarlos por completo. “La sociedad automovilística de Japón está en una encrucijada”, señala Ryuichi Kitamura, un experto en transporte y catedrático de la Universidad de Kioto. Dice que no espera que la tendencia se invierta, dado que los estudios muestran que cuanto más jóvenes son los consumidores japoneses, menos les interesa tener un auto. JAMA pronostica una disminución de ventas adicional de 1.2 por ciento en 2008. Algunos analistas creen que si la tendencia continúa durante mucho tiempo más, es probable que se produzca una consolidación adicional en el sector (que ya está bajo presión competitiva).
La demografía japonesa tiene algo que ver con el problema. La población urbana del país ha crecido en casi 20 por ciento desde 1990, y la mayoría de los habitantes usan diariamente los medios masivos de transporte (el sistema del país es uno de los mejor desarrollados del mundo), lo cual hace que sea menos indispensable poseer un auto. Los expertos dicen que Europa, cuyo mercado automotriz es también muy maduro, puede ser un candidato a un cambio similar.
Pero en Japón, el proceso de “desmotorización”, o kuruma banare, también está impulsado por factores de costos. Poseer y conducir un auto puede costar hasta US$500 por mes en Japón, incluidas cuotas de estacionamiento, seguro de automóvil, carreteras de peaje e impuestos varios. Los impuestos a un auto de US$17,000 en Japón son 4.1 veces más altos que en EE UU, 1.7 veces más altos que en Alemania y 1.25 veces más altos que en Reino Unido, según JAMA. “Los autos solían representar un símbolo de nuestro estatus, un moderno estilo de vida occidental al que aspirábamos”, señala Kitamura. Para los jóvenes de hoy, afirma, “esta idea ha desaparecido”.
Los autos son cada vez más un simple bien mueble; el consumidor invierte su tiempo y su esfuerzo reales en escoger teléfonos móviles y computadoras personales más en onda, no el vehículo más a la moda. La industria de alquiler de autos ha crecido en más de 30 por ciento en los ocho años anteriores, conforme los habitantes urbanos programan la renta de autos para el fin de semana a través de internet. Mientras tanto, las encuestas del gobierno muestran que el gasto anual en autos por familia disminuyó 14 por ciento, a US$600, entre 2000 y 2005, mientras que los gastos por suscripciones a internet y de telefonía móvil aumentaron 39 por ciento, a US$1,500, durante el mismo período.
Para las automotrices japonesas, las implicaciones son enormes. “Japón es el segundo mercado más grande del mundo, con una participación de mercado de entre 17 y 18 por ciento de nuestras ventas mundiales. Es algo importante”, señala Takao Katagiri, vicepresidente corporativo de Nissan Motor Co. El mercado nacional es donde los fabricantes japoneses desarrollan la tecnología y aumentan sus conocimientos, y si se tambalea, podría destruir a una industria que da trabajo a 7.8 por ciento de la fuerza de trabajo japonesa.
Aunque el crecimiento de las exportaciones, particularmente hacia los mercados emergentes, han más que compensado hasta ahora la disminución en las ventas nacionales, las compañías buscan formas de invertir la tendencia. Nissan, por ejemplo, trata de atraer a la generación digital con blogs promocionales e incluso un videojuego. Un juego de carreras para el PlayStation de Sony, por ejemplo, ofrece a los jugadores la oportunidad de conducir virtualmente el más reciente modelo deportivo de la compañía, el GT-R —un nuevo enfoque de mercadotecnia para provocar rumores e inducir a las personas a comprar autos. Toyota Motors abrió un centro comercial de autos como parte de un complejo comercial cerca de Tokio, esperando atraer a las clases de compradores que desde hace mucho tiempo han dejado de pensar en visitar una concesionaria de autos. Es semejante a la estrategia de Apple de sacar el equipo electrónico móvil de los hipermercados sin alma, para colocarlos en espacios de venta más transitados y atractivos. Funcionó para Apple, pero Apple es muy del siglo XXI.

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