Gane quien gane en EE.UU., una pausa en los acuerdos comerciales parece ser la opción más factible.

Posted on febrero 22, 2008 por

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February 21, 2008 4:33 a.m.

Por David Wessel

Las virtudes del libre comercio internacional y las presiones que la globalización está ejerciendo sobre los trabajadores estadounidenses se están convirtiendo en temas importantes en la campaña presidencial de Estados Unidos, pese a que los candidatos más hostiles al comercio han sido derrotados.

El senador John McCain, quien se perfila como el candidato republicano a la presidencia, es el mayor simpatizante del libre comercio en la contienda.

“Necesitamos continuar reduciendo las barreras al comercio ya que un 95% de los consumidores mundiales vive fuera de EE.UU.”, dijo recientemente McCain en Michigan, en donde la tasa de desempleo es de 7,6%, la mayor del país. “Necesitamos tener un sector manufacturero competitivo a través de costos de salud más bajos, menores impuestos y la apertura de nuevos mercados”, indicó.

McCain ha sido un simpatizante constante del libre comercio en el Senado, desde el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) al acuerdo pendiente con Corea del Sur el cual, incluso para algunos defensores del comercio, tiene deficiencias.

Escépticos frente al comercio

En cambio, los demócratas Hillary Clinton y Barack Obama están compitiendo por mostrarse como el candidato más escéptico del libre comercio. A medida que luchan por el estado de Ohio, que tiene una tasa de desempleo de 6%, ninguno quiere recoger las banderas del ex presidente Bill Clinton, que dejó a un lado los tonos populistas de su campaña de 1992 y se convirtió en un defensor del Nafta y de la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio.

Tanto Clinton como Obama votaron a favor del Tratado de Libre Comercio con Perú, y los dos votaron para castigar a China por mantener su moneda débil. Ambos respaldan el plan del ex candidato demócrata John Kerry de usar estímulos tributarios para premiar a las compañías que mantengan empleos en EE.UU., aunque Obama lo hace con más vehemencia. Recientemente los dos han hablado mal del Nafta, aunque ninguno daría por terminado el acuerdo. Ella lo “revisaría y trabajaría con sus socios comerciales para hacer los ajustes necesarios”. Mientras que él “trabajaría para enmendarlo”.

En diciembre, una encuesta de The Wall Street Journal y NBC News le preguntó a los estadounidenses si la naturaleza cada vez más global de la economía estadounidense era buena (“debido a que ha abierto nuevos mercados y generado más empleos) o mala (“debido a que ha sometido a las empresas estadounidenses a una competencia injusta y a mano de obra barata”). Un 58% de los encuestados dijo que era mala, frente a un 28% que le pareció buena. En agosto de 2007, en cambio, la misma pregunta obtuvo una reacción de 48% mala y 42% buena.

A futuro

Ni Clinton ni Obama podrán hacer mucho con los acuerdos que ya están en efecto, pese a toda su retórica. Ninguno, incluso en los estados más golpeados por el libre comercio, ha hablado de nuevas barreras al comercio y John Edwards, el más radical entre los demócratas frente al comercio, se ha retirado de la carrera.

El verdadero tema es qué sucederá con los acuerdos futuros. La respuesta más probable es: no mucho. A menos de que se dé un improbable avance en la Ronda de Doha de negociaciones de comercio global, ningún demócrata considerará a los acuerdos comerciales, incluso renegociados para incorporar estándares laborales y ambientales, como una prioridad.

El destino del acuerdo con Corea del Sur será la primera prueba importante. Corea es una economía grande, mucho más importante que Perú o Panamá. El nuevo gobierno coreano podría estar dispuesto a reabrir las negociaciones para salvar el pacto si un presidente demócrata se opone. Pero incluso si gana Obama, el escenario más posible sería, como lo propone Clinton, hacer una “pausa” en los acuerdos comerciales. Esa podría resultar una forma para mantener las buenas partes de la globalización, que no tienen apoyo en EE.UU. hoy en día.

La ansiedad sobre la globalización entre un amplio sector del electorado estadounidense refleja una extensa inseguridad económica y un sentimiento de que la economía del país no está cumpliendo con su misión para muchos. Modificar acuerdos comerciales o agregar otro programa para trabajadores golpeados por las importaciones no aliviará esos temores

Una “pausa” para tratar de arreglar los problemas del sistema de salud y optimizar y expandir los programas de asistencia a los trabajadores para que los ayuden a asimilar mejor la tecnología y el comercio, podría ser la clave para preservar los beneficios de la globalización a largo plazo.

Publicado en:

Wall Street Journal

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Posted in: Mundo