“Estados Unidos es un país machista”

Posted on febrero 21, 2008 por

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En su libro Hillary Clinton. Retorno a la Casa Blanca, la periodista Núria Ribó recoge una anécdota protagonizada por la candidata demócrata a la presidencia de Estados nuria-ribo.jpgUnidos. Dice Ribó, diez años como corresponsal de TVE en Washington y Londres, que tras una sonada intervención de Hillary en el Parlamento de Arkansas, un congresista, impresionado por la vehemencia de sus palabras, exclamó: “Bien, colegas, parece que hemos elegido al Clinton equivocado”. Durante toda la larga fase de primarias, los estadounidenses tienen la opción de corregir tal error.

Un titular de un diario decía que Hillary enfrenta a la gente. ¿Por qué?
Creo que es porque se han reproducido unos estereotipos. Del mismo modo que el tsunami Obama es imparable, el tsunami Hillary, que nació en 1992, ha continuado. Desde entonces se la catalogó como una mujer que se metía demasiado en todo y con mucho poder. Siempre se la acusa de los mismos estereotipos. ¿Divide? Una persona con ideas potentes siempre lo hace.

Se ha dicho que sus ideas son un tanto ambiguas.
Así es, pese a que sus posiciones respecto a la sanidad, la educación, o la juventud son clarísimas. Se la critica, además, por haber actuado en la sombra, y por haber aprovechado el apellido Clinton. Además, trató mal a la prensa americana durante mucho tiempo. Todo esto ha creado un cóctel que ahora lo está pagando. Bill, pese a sus escándalos, sigue siendo muy popular. Esto se explica porque posee algo que ella no tiene: carisma.

¿Pese la falta de carisma, cuales son los activos de Hillary?
Tiene un currículum espectacular, con buenos movimientos en el Senado, donde lleva siete años y en dónde ha podido rehacer su imagen política, algo que ha conseguido bastante.

¿Cómo lo ha hecho?
Haciendo política en el sentido más puro de la palabra. Se ha acercado a los senadores en un mundo machista y viejo, de dinosaurios. El propio [Ted] Kennedy está desde el año 62. No se propicia que entre gente más joven y sobre todo mujeres, porque también es una cuestión de dinero. Lo primero que hizo Hillary al llegar al Senado fue ganarse a sus principales enemigos republicanos, que fueron los que hundieron su propuesta de reforma sanitaria de 1993 y los que tiraron adelante el impeachment contra su marido [tras el escándalo Lewinsky].

¿Y cómo lo hizo para acercarse a estos senadores?
Ella es muy creyente y en el Senado hay unas reuniones religiosas en las que no se habla de política sino que se ponen en común cuestiones de fe y espirituales, porque es algo que, a diferencia del día a día de la política, no provoca enfrentamientos. Esto funciona, y sino se entiende no se puede entender como funciona EE.UU.

¿Qué pasó en esas reuniones?
Uno de los senadores más conservadores, Sam Brownback, dijo en una de esos encuentros: “Antes de continuar, tengo que pedir perdón a Hillary Clinton. Más que la he odiado no podría hacerlo. Pero no me sentiría bien sino reconociera a esta mujer y le pidiera perdón públicamente por lo que he sentido por ella como persona”. Ella lo aceptó. En estos encuentros se ponen en común cosas que propician después un acercamiento político. De esta manera, ha hecho muchas gestiones para Nueva York con gente que en teoría eran sus enemigos políticos, pero a los que supo acercarse. Con todo, Hillary es la persona que más une en el Senado, pese a que en la calle se la ve como divisiva.

Hillary une porque es más bien moderada.
Así es. Además, presidió –algo que nunca antes había hecho una mujer- el Comité de Servicios Militares. Por ello tiene unas buenas relaciones con los militares. Allí ya se preparaba para la Casa Blanca.

¿Cuándo empezó a pensar en la Casa Blanca?
Creo que es en 1998, durante el escándalo Lewinsky, cuando ella realmente explota. Los otros escándalos [sexuales de su marido] no la cogieron con la guardia baja porque ya sabía lo que podía pasar. Incluso se dice que en Arkansas Hillary pidió la lista de las posibles amantes de su marido para una vez en campaña para acceder a la Casa Blanca tener respuesta para todo y no quedar como una “cornuda”. Sin embargo, pienso que el tema Lewinsky la engañó desde un principio. Fue en ese momento cuando el matrimonio Clinton se empezó a distanciar, y Hillary comenzó a prepararse para el Senado, donde se presentó en el 2000.

Hay gente que la critica por presentarse. ¿Qué argumentos se utilizan para ello?
Le han tirado en cara lo de las sagas, algo que no pasó con los Bush, que eran padre e hijo. También se la ha criticado de haber estado siempre pensando en la presidencia. ¿Dónde está lo criticable? Cualquier país del mundo tendría que estar contento de tener a alguien que ha dedicado tanto tiempo a prepararse. También se ha hablado de su ambición. ¿Y quién no la tiene? A ella se le recrimina su ambición política por ser mujer. Hillary puede ser calculadora, pero todos los políticos lo son, algo que me parece normal, sobre todo en un país de la importancia de EE.UU. Además, la ambición es algo que no se recrimina a los hombres, así de claro. De este modo te das cuenta que EE.UU. es un país machista.

Entonces, ser mujer es una profunda desventaja.
El sistema de EE.UU. es abierto democráticamente pero sólo si tienes dinero, y el dinero va a los hombres. En el Senado, por ejemplo, hay pocas mujeres. Ella, como tenía una amplia agenda de contactos y venía de donde venía, pudo moverse y conseguir dinero. Otra mujer lo tendría muy difícil. Yo ya dije hace años que antes habrá un presidente negro que una mujer blanca, porque, al fin y al cabo, es hombre.

¿Hillary, pues, no estaría donde está si no fuera por su marido Bill?
Sí, pero él no hubiese llegado a presidente si Hillary no hubiese estado a su lado. Esto es lo que quiero demostrar en mi libro. Ella acompaña a Bill a Arkansas, cuando ya se había introducido en los círculos de poder de Chicago y de Washington, donde, siendo muy joven, participó en la investigación del Watergate. Piensa que en la primera administración Clinton, la mayoría de nombres proceden del entorno de Hillary. También era ella la que llevaba las campañas de Bill.

¿Es el llamado tándem Billary?
Sí, él es la cara bonita, el artista que apasiona, pero Hillary era la que organizaba, la que llevaba el guión. Por eso decir que ella es lo que es gracias a él no es correcto. Hillary paró muchos escándalos sexuales de su marido, salió en televisión su lado. Ya en la Casa Blanca, Bill confió en mucho Hillary. Incluso le encargó la reforma sanitaria, que se convertiría en el gran fiasco de su administración.

¿Por qué fracasó un proyecto tan ambicioso como el de la reforma sanitaria?
El torpedeo a la medida fue brutal, pero también la culpa fue de Hillary, por su falta de mano izquierda. Hillary es una mujer potente, dura, yo diría que altiva y estaba convencida que hacía el bien, por este “rollo” religioso que tiene. Pero no fue inclusiva en su equipo, no contó con todo el mundo. Uno de sus rivales en la campaña me reconoció que los Clinton tenía razón con su plan, pero no lo llevaron bien. Incluso le dijeron a Hillary de cambiar algunas cosas, pero ella fue orgullosa y dijo que no cambiaría nada.

En este sentido, citas en el libro a un ex asesor de los Clinton, un tal Dick Morris, que dice que Hillary no acepta que se pueda equivocar, que está por encima del bien y del mal.
No acepta los errores. Y los americanos aplauden a los que aceptan un error. Pero Hillary tiene el handicap de ser mujer, por lo que si pide perdón a la opinión pública puede pensar que es débil.

Qué tiene Obama que no tenga Hillary?
Obama hace un discurso de esperanza y de ilusión, que llega en un momento de sequía de ilusiones tras los ocho años de Bush. Lo mejor de Obama es que ha levantado la ilusión, las ganas de votar y el interés por la política, y esto lo ha hecho también porque delante tiene a Hillary.

¿Qué piensas del llamado “dream ticket”, es decir que Obama y Hillary se repartan presidencia y vicepresidencia?
Lo veo bastante imposible, pero también los resultados que se están dando ahora eran inimaginables. El Partido Demócrata no se puede permitir el lujo de perder en unas circunstancias en que todo apunta que pueden ganar. Un “dream ticket” es difícil porque son dos grandes egos. La que tendría que ser presidenta por la experiencia y por la base del partido es Hillary. Pero Obama, con todo lo que ha levantado, no puede negar a los que le han apoyado el verlo como presidente. Si no lo logra, sus seguidores de pueden rebotar, algo que en EE.UU. puede provocar que se decanten a votar a los republicanos.

¿Qué valor hay que darle a la famosa lágrima que le cayó antes de las primarias de New Hampshire?
Algunos han dicho que fue mentira o calculada. Si lo hubiese hecho Obama nadie hablaría de ello. Además lo ha hecho una mujer que se la supone dura, u que si estuviese llorando nadie confiaría en ella porque la considerarían débil. Hillary está haciendo un equilibrio que no se le pide al hombre: ha de ser mujer pero al mismo tiempo ser dura. Me extrañaría que Hillary hiciera este tipo de comedias. Creo que hace otras mucho más sofisticadas. Ella sabe que no puede llorar más de la cuenta porque la considerarían blanda y a una persona blanda nadie la votaría en su país.

¿Qué ven las mujeres en Hillary?
Ven el romper el techo de cristal y a una mujer brillante e inteligente, con experiencia. Aunque sin carisma. No tiene nada de carisma.

Quizás tiene más carisma entre la prensa. De hecho hay una publicación dedicada a su figura, el The Hillary Clinton Quarterly.
Esta revista empezó en 1993, porque los primeros tiempos de Hillary en la Casa Blanca fueron impresionantes, su brillantez, sus discursos, sin papeles. Ahora sí los utiliza. Eran grandes discursos magistrales, donde mezclaba temas espirituales y por lo que empezaron a criticarla llamándola “Santa Hillary”. Pero no es improvisado, siempre ha sido una mujer profundamente religiosa, no como Obama, que equiparaba religión con antropología.

¿Si Hillary gana las primarias, gana la Casa Blanca?
No lo tiene tan fácil, porque los conservadores odian a los Clinton y sacarán toda su maquinaria, algo que con Obama no pasaría.

Publicado en:

Vanguardia

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