¿Sí quiero?

Posted on enero 17, 2008 por

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Por fin tenemos las manos libres para elegir si sellamos el amor con boda o sin ella. En el corazón o en los datos puede estar la respuesta.

17/01/2008

Marta Flores / Fotos: Corbis, Cordon Press, Getty Images

Es curioso: aunque en el ambiente se respira una sensación global de que la institución matrimonial está de capa caída, todos los años recibimos –por lo menos– la invitación al enlace de un amigo o familiar. Y sin rechistar, hasta con ilusión, nos compramos un vestido nuevo y unos zapatos de tacón y ahorramos para el regalo (aunque la celebración no pase por la vicaría y sí por un juzgado). ¿Estamos viviendo un nuevo ‘weddingboom’ o el matrimonio ya no es lo que era?

Si tenemos en cuenta los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), vemos que en 2006 –últimas cifras facilitadas– se celebraron casi 212.000 bodas (55,8% religiosas y 44,2% civiles), es decir, 2.700 más que en 2005. En los últimos diez años, además, estas cifras se han mantenido estables. Pero esta situación de equilibrio tiene truco, pues hay tres empujes fundamentales: por un lado, los divorciados y viudos, que repiten experiencia cada vez más (tengamos en cuenta que la disolución de la primera unión suele darse entre los 40 y los 43 años); por otro, los matrimonios homosexuales, que han ido in crescendo, y finalmente, la gran afluencia de la inmigración, que hace que las bodas mixtas sean muy frecuentes.

Sea como fuere, la mayoría de los españoles sigue declarando que vivir casado es su forma de vida preferida (así lo manifiesta el 55,6% de los encuestados en el estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS, ‘Opiniones y actitudes sobre la familia’); solo el 12,2% confiesa que le atrae la idea de convivir con su pareja sin firmar papeles o en unión de hecho.

Los motivos que nos unen
Por supuesto, queremos creer que el amor mueve montañas, pero hay otros factores que inducen a las parejas a contraer matrimonio. En la misma encuesta del CIS, y por este orden, se alegan los siguientes motivos para decidirse a montar una boda: tener hijos o pensar en tenerlos; las presiones familiares; y, en tercer lugar, la estabilidad de la pareja. «Existen varios móviles para tomar la decisión de casarse –explica Luis Zarraluqui, prestigioso abogado de derecho de familia con 50 años de profesión a sus espaldas–: la convicción religiosa (que va a menos); los que se casan para no entrar en conflicto con sus padres; los que lo hacen por el puro boato, y porque en la pareja ha surgido la idea de tener hijos. Para mí, esta última decisión también tiene que ver con el qué dirán y con el pensar que se podrá dar más protección emocional porque, legalmente, no hay diferencias entre los hijos que han nacido del matrimonio y los que lo hacen en una unión de hecho o en una convivencia.» Por desgracia, en 2006 se deshicieron más matrimonios con menores a su cargo que sin ellos (un 51,3% frente a un 45%).

¿Hasta que la muerte nos separe?
Recientemente ha saltado a la prensa una noticia que no ha dejado impasible a nadie, porque del amor y, sobre todo de su duración, casi nadie se atreve a hablar, y mucho menos, con certeza. La política alemana Gabriele Pauli ha propuesto en su país restringir el matrimonio a siete años, con la opción de dejarlo vencer o renovarlo, como si fuera un contrato. Según Pauli, este plazo es el que necesita una pareja para entrar en una crisis profunda y, por tanto, todo el mundo debería tener la opción de decidir entonces si quiere continuar o no. Ella misma afirma que estaría encantada de encontrar una pareja para toda la vida pero, después de sus dos divorcios, opina que es mejor actuar con sensatez. Los españoles no cumplirían la norma: según el INE, la duración media de los matrimonios que se rompen en nuestro país es de 15,1 años. Aunque cabe destacar el excepcional incremento de aquellos que se disuelven antes del año (del 330,6%, respecto a 2005, año de introducción de la Ley del Divorcio Exprés). ¿Es que ya no suspiramos por el amor eterno? «Hay demasiadas amenazas en la sociedad de consumo, presidida por la cultura del cambio, como para creer, sin discusión, que algo va a permanecer para siempre. Nos movemos en un mundo absolutamente variable, por tanto es absurdo pensar que cualquier aspecto social, incluido el matrimonio, va a ser una excepción», comenta el escritor y sociólogo Vicente Verdú.

Soluciones exprés
La Reforma de la Ley del Divorcio, más conocida como Divorcio Exprés, que entró en vigor en julio de 2005, y que acorta los plazos de ruptura definitiva sin tener que pasar por una separación previa, sigue generando tanta o más polémica que las declaraciones de Gabriele Pauli. En 2006, y según los datos del INE –que, por cierto, se hicieron públicos días después de que la Infanta Doña Elena y Don Jaime de Marichalar anunciaran públicamente su «cese temporal de la convivencia»– los divorcios aumentaron un 74,3% respecto al año anterior y siete de cada diez demandas se resolvieron en menos de seis meses. Desde el Instituto de Política Familiar se cuestionan cómo el Gobierno ha podido aprobar una medida que suprime el periodo de reflexión, ese en el que muchas parejas deciden recuperar una relación tras una crisis. Según ellos mismos, además, esta Ley ha propiciado los divorcios no consensuados y, por tanto, conflictivos. No todo el mundo comparte esa opinión: «Es probable que haya gente que utilice la Ley de forma frívola, pero en todo caso, prefiero que haya libertad para poder divorciarse en el menor tiempo posible. Las rupturas prolongadas dan lugar a muchos deterioros de la digni- dad. Creo que los periodos de reflexión solo sirven para poner parches racionales sobre heridas que ya no tienen curación. Y eso rebota en separaciones más dolorosas y tristes », comenta Verdú. Por su parte, Carmen Torres, Directora del Salón Las Mil y Una Bodas de Madrid, se resiste a echar toda la culpa del aumento de los divorcios a la Ley: «La emancipación de la mujer, el estrés, las presiones de la convivencia y los problemas económicos, también influyen en las rupturas. Podemos decir que hoy en día la institución del matrimonio sigue vigente, tanto porque se sigue haciendo como deshaciendo. » El abogado Luis Zarraluqui tampoco opina que la Ley de Divorcio Exprés haya desatado enfrentamientos más duros entre las parejas: «Todo lo contrario: el porcentaje de mutuos acuerdos ha ido subiendo» (el 52% de las separaciones ha sido de mutuo acuerdo y el 65,3% de los divorcios han sido consensuados, según el INE, en 2006). Por si acaso, recomendamos casarse en Navarra, Cantabria, Extremadura y Aragón, comunidades donde se registra una menor tasa de divorcios…

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