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El “gran plan quinquenal” de la democracia china

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La Escuela Superior del Partido publica un plan de reforma política con treinta años de perspectiva por delante

Hace 80 años, la URSS estrenó los planes quinquenales de desarrollo económico. China está rumiando ahora su propio “gran plan quinquenal” de la democratización. Con una perspectiva de treinta años por delante.

Rafael Poch | Pekín. Corresponsal | 12/03/2008 | Actualizada a las 01:53h

La reforma política es urgente en China, la supervivencia del Partido Comunista, del sistema y de toda su gran obra de modernización de medio siglo, dependen de ello, pero debe ser gradual y cuidadosa. Hacía muchos años que la autorizada voz de los expertos de la Escuela Superior del Partido, adjunta al Comité Central, el principal “think tank” del país, del que el actual Presidente, Hu Jintao, fue director (1993-2002), no se dejaba oír con un programa completo de reforma política.

Un informe de 366 páginas, que propone una hoja de ruta para la democratización, incluido un calendario en tres etapas, hasta el año 2040, para su realización, ha sido su obra. Se llama, “Asaltando la fortaleza; informe sobre la investigación de la reforma del sistema político en China, tras el XVII Congreso”. Entre sus autores, profesores de la Escuela como Wang Changjiang, de quien se conocen sus ideas sobre la compatibilidad de la democracia con un sistema de partido único, y Zhou Tianyong. Y con un prefacio del mismo Li Junru, el vicepresidente de la Escuela, dedicada a la formación de cuadros dirigentes. Desde hace una semana a la venta en algunas librerías de Pekín. En una rara ocasión, Li mantuvo ayer un encuentro con un grupo de periodistas.

El estudio analiza los avatares de los proyectos de reforma política desde la apertura de 1978, afirma que, a ese efecto, el periodo 1989-1997 fue de “estancamiento”, porque la crisis de Tiananmen “paró el proceso”, y adjudica al anterior Presidente, Jiang Zemin, el mérito de haber retomado (aunque sólo fuera declarativamente) el propósito, en 1997, con su informe al XV Congreso del Partido Comunista. A continuación, los autores reconocen explícitamente lo poco que se ha hecho en ese terreno hasta hoy, al afirmar que, “la situación (actual) de la reforma política China, no se corresponde con el rápido desarrollo económico y social alcanzado”.

Efectivamente, desde 1989 se ha hecho muy poco en materia de reforma política, pero el tema nunca ha dejado de estar allá. Oficialmente, reforma económica y reforma política, son las dos patas de una misma modernización. “Nunca hemos renunciado a ella”, le respondió el Presidente de la Asamblea Nacional Popular, Wu Bangu al Rey Juan Carlos, cuando éste le interpeló sobre cambios políticos durante su última visita a Pekín, el pasado junio. Antes, en un discurso pronunciado en abril de 2006, en la Universidad de Yale, el Presidente Hu Jintao declaró: “Ausencia de democracia significa ausencia de modernización”. Pero la cosa no había ido mucho más allá de las declaraciones, de algunas medidas administrativas en el interior del Partido, y de tímidas iniciativas para dar un poco más papel a la Asamblea Nacional Popular.

Un camino ‘inevitable’
“La reforma política”, dice ahora el informe de la Escuela Superior del Partido, “es el camino inevitable para la estabilidad a largo plazo del Partido y del país” (…) “si dejamos de aplicarla a tiempo, nuestra reforma económica se colapsará en última instancia”.

Subrayada su importancia, el informe establece también lo que son las condiciones básicas del éxito y los límites de una reforma política. En primer lugar, se trata de preservar el Partido Comunista; “la reforma política sólo puede realizarse si está dirigida, organizada y movilizada por el Partido Comunista Chino, que con 73 millones de afiliados, más de uno entre cada veinte chinos, es el mayor”. “Una introducción rápida del sistema multipartidista, con pérdida de control del ejército y completa libertad de prensa, supondría desorden, divisiones e inestabilidad para el país”.

La complejidad de la situación china requiere del liderazgo de un partido fuerte y poderoso, y, en cualquier caso, el límite de todo el proceso debe ser la preservación de la estabilidad; “la estabilidad es de capital importancia para la modernización de China, la reforma política debe realizarse dentro de ciertos límites, de lo contrario ocasionaría inestabilidad política”, afirma. Los tres límites básicos son; “el Partido tiene que controlar al ejército”, “el Partido debe dirigir y controlar a los cuadros” y “el Partido debe controlar la prensa”.

‘Cautela’ sobre la libertad de prensa
Sobre la libertad de prensa, el libro la presenta como, “una tendencia inevitable del desarrollo”, pero advierte; “debemos ser muy cautos y sinceros sobre qué función debe desempeñar (…), mal enfocada, significaría el desorden de la opinión pública y, por consiguiente, sería adversa a la transformación”. Al mismo tiempo, los autores consideran un problema la situación actual, en la que, “los medios de comunicación están subordinados al Partido y a los órganos del estado”.

“Debemos respetar la autonomía de la prensa e introducir una ley de prensa que regule su comportamiento, prohibiendo al mismo tiempo la interferencia ilegal del Partido y de los departamentos del estado en su trabajo”, dice. “Hay que dar pleno juego al papel supervisor de los medios, hay que fortalecer la objetividad y repercusión de los medios, cambiando su contenido”. Actualmente, observa, está excesivamente centrado en la crónica oficial de dirigentes y logros, pero hay que ir, “hacia una cobertura más amplia de temas concernientes a la vida de la gente, a la denuncia de prácticas ilegales en el interior del partido y del gobierno, y a la expresión de diferentes opiniones en política”.

Reforma del partido y de la Asamblea
En materia de reforma del Partido, el informe dice que los delegados, jefes de comités y cuadros de todos los niveles, “deben ser nombrados desde abajo en lugar de desde arriba, elegidos en campañas con competencia y con posibilidad de ser depuestos en cualquier momento”.

Sobre el sistema seudoparlamentario, se debe reducir el tamaño de la Asamblea Nacional Popular (APN), desde los actuales 3000 diputados a unos 450, elegidos en comicios competitivos. También hay que profesionalizar a los diputados, dotarles de inmunidad y establecer medidas para potenciar la función de control del ejecutivo. Los departamentos de control y supervisión del estado, deben estar bajo el liderazgo de la ANP y no del gobierno.

Actualmente, entre el 40% y el 60% de los diputados del sistema chino, son funcionarios del ejecutivo y del poder judicial, que es una emanación del anterior. Con esta estructura, resulta imposible que, “los vigilados sean los vigilantes”, por lo que hay que afirmar la incompatibilidad del cargo de diputado con la pertenencia al ejecutivo, dice. Respecto a la organización del debate parlamentario, suena insólita la afirmación de que; “debemos aprender del debate parlamentario en Occidente y construir un sistema correspondiente para mejorar el trabajo del Congreso Popular”.

En materia religiosa, se habla de potenciar “el papel positivo de la religión”. La fe política y la creencia religiosa de un individuo no son contradictorias, dice. “Preservando la fe política común del socialismo con características chinas, debemos respetar y proteger la libertad ciudadana de creencias religiosas. La política debe separarse de la religión, y la religión no debe interferir en política, pero al mismo tiempo tenemos que desarrollar la función básica de la religión y hacer que contribuya lo máximos a la armonía social”.

Escepticismo: de lo popular a lo oficial
Pese a lo que se pueda deducir del informe mediático occidental sobre éste país, la sociedad china no hierve en deseos y anhelos de democracia. Más allá de un reducido y socialmente aislado sector de disidentes, el programa de democratización a la occidental tiene muy pocos partidarios en China.

Curiosamente, el escepticismo ante ese programa es particularmente vivo entre los intelectuales y buena parte de la clase urbana china. Se teme el sufragio universal porque convertiría a los despreciados e ignorantes campesinos -mayoría aplastante de la población- en un sector decisivo. China es “demasiado pobre”, “demasiado poblada”, “demasiado ignorante”, “demasiado anárquica”, y “demasiado feudal”, como para que la democracia sea realizable sin grandes catástrofes, se escucha con inusitada frecuencia en el país.

En los ochenta, el propio Deng Xiaoping advirtió que la adopción de la separación de poderes, significaría en China la guerra permanente entre ellos… En resumen; el autoritarismo se alimenta de un profundo pesimismo, de la elite política y de la capa más favorecida de la sociedad, sobre la capacidad democrática y madurez cívica de los chinos.

A ello se suma una firme y general voluntad de disfrutar de lo conseguido -la actual prosperidad- y desmarcarse de la vida, miserable y dura, del pasado maoísta. También, por supuesto, justificación de una elite políticamente conservadora, corrupta y celosa de su privilegio de monopolio del poder.

Miedo atávico a la ‘revolución cultural’
Por otro lado, la democracia, evoca, frecuentemente, el miedo a su última expresión histórica desencadenada en China: la “revolución cultural” -que fue, entre otras cosas, una “democracia” dentro del maoísmo, con permiso para zurrar a los que mandaban y vengarse de todas las afrentas-. Miedo también a los desórdenes que el movimiento de 1989, aplastado en sangre, apuntó. Por eso, es muy significativo que la Escuela Superior del Partido, que fue muy activa en ese campo hasta 1989, vuelva ahora a manejar programas de reforma política.

Su referencia al subdesarrollo cívico de China está bien presente en las páginas del informe. “El desarrollo social económico y cultural del país todavía es bastante retrasado y accidentado, mientras que la capacidad de participación política no es grande”, se lee. “El sistema político tradicional de poder supercentralizado, aun tiene una gran inercia. Además, el país está en una transición en la que la estabilidad social y política es condición para la reforma política. Eso requiere que la reforma sea llevada a cabo gradualmente, con un plan y una supervisión”, prosigue. Por eso, dice, “creemos que, por los menos, serán necesarios sesenta años para la transformación de China, desde una economía de planificación tradicional, a una economía de mercado moderna, y desde una democracia de bajo nivel y estado de derecho, a una con alto nivel de democracia política”.

Estos “sesenta años”, comienzan en 1979. Según el plan en tres fases que el estudio contempla, a partir del 2011 se comenzarán a establecer mecanismos de control del ejecutivo. Desde el 2017 hasta el 2020, la principal tarea será, “la construcción de una sociedad civil moderna, haciendo grandes esfuerzos en desarrollar organizaciones ciudadanas y religiosas que son buenas para la sociedad”.

La reforma política, parte de la modernización
En todo momento, los autores conciben la reforma política como parte de la modernización, como la otra pata de la reforma económica. “Hasta el 2020, la reforma verá avances paralelos de los sistemas que impiden tanto el desarrollo económico como la reforma del sistema político democrático. Esas reformas garantizarán el cumplimiento de la sociedad medianamente acomodada (“xiaokang”), un término confucionista que describe, lo que en Occidente se entiende como una “sociedad de clases medias”…

Hace 80 años, la URSS estrenó los planes quinquenales de desarrollo económico. China está rumiando ahora su propio “gran plan quinquenal” de la democratización. Con una perspectiva de treinta años por delante.

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Escrito por Ramón Leiro

Marzo 12, 2008 a 1:57 pm

Escrito en Mundo

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