Grupos feministas dicen que anuncios de una cerveza mexicana denigran a mujeres
Monterrey (México)
Líderes de grupos feministas de Monterrey, norte de México, protestaron hoy en contra de los anuncios de la cerveza Tecate del consorcio mexicano FEMSA, en los cuales -aseguran- se denigra a la mujer y son “muy sexistas”.
Las representantes de trece organizaciones feministas entregaron una carta en la sede de
la empresa dirigida al presidente de la compañía, José Antonio Fernández.
“Los anuncios televisivos de cervecera Tecate denotan una abierta campaña violenta y denigrante hacia las mujeres,lo que contradice el código de ética vigente de su empresa”, asegura la misiva.
El grupo de mujeres se manifestaron con pancartas frente a las oficinas de FEMSA en las que se señalaba a la publicidad como sexista y que “refuerza la cultura de la dominación masculina”.
Según las manifestantes en varios de los anuncios se muestra en diferentes formas el dominio que ejerce el hombre sobre la mujer.
Entre las organizaciones representadas estaban Alternativas Pacíficas, Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos, Alianza Cívica y Milenio Feminista, entre otras.
La portavoz de estos grupos, Consuelo Morales, advirtió que si FEMSA no atiende sus demandas presentarán una demanda por violar la ley de igualdad de género, y afirmó que pedirán a organismos civiles de Estados Unidos, España y de otros países su apoyo para desarrollar una campaña contra la empresa si no retira sus anuncios.
En respuesta a las demandas de las organizaciones feministas, la división cervecera de FEMSA dijo que analizarán los comentarios de las feministas.
“En Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma nos hemos caracterizado por ser una empresa respetuosa y enfocada totalmente en la satisfacción de nuestros consumidores”, dijo FEMSA en un comunicado.
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Muy estimado Padre Román,
Como mujer que soy le agradezco el vivo interés que manifiesta usted en torno a nuestra seguridad. Quisiera compartir con usted mi experiencia, pues hice mía la recomendación que usted señala. Tengo que decirlo: me llevé una sorpresa. Salir en ese tiempo a la escuela era todo un desafío, pues no había día en que no recibiera tres o cuatro agresiones a mi intimidad. Cada vez ponía más atención al cuidado sobre mi ropa, sobre mi actitud. Y sí, entre más me tapaba, más agresiones recibía. Me puse furiosa me preguntaba por qué me agredían si yo vestía de modo prudente. Era muy pequeña, tal vez catorce años.
Poco a poco fui perdiendo la confianza. Al final sólo quedaba no salir de casa. Pero todos los seres humanos tenemos derecho a vivir, a trabajar, a cumplir con nuestras responsabilidades, a divertirnos. Y yo no podía encerrarme a dejar pasar mi vida. Así que me fui acostumbrando. ¿Qué más podía hacer? A mis amigas, colegas, compañeras, les sucedía lo mismo. Todas nosotras buscábamos el respeto que nos merecemos.
Tiene usted razón. El ser humano es sagrado. Hablar de “cuerpo” como algo ajeno a la forma sustancial que nos da el ser, resulta ocioso. El ser humano puede comprenderse como un compuesto en el que la distinción hilemórfica no es de re, sino que pertenece al ámbito del análisis metafísico. Por lo mismo concuerdo con usted: el ser humano es un todo y como tal tenemos que cuidarlo, respetarlo. Para ello contamos con la entelequia primera como agente de nuestras facultades vitales y sus operaciones, entre ellas el intelecto como la excelencia que distingue a los hombres y mujeres por igual del resto de los seres compuestos.
Por otro lado también tiene usted razón cuando recuerda el relato de creación. Es cierto, la fuente P del Pentateuco contiene una narración del Génesis que tiene origen en la tradición Sacerdotal escrita hacia el tiempo del exilio en Babilonia. Distinto es el relato del Código Yahvista que narra la creación de la mujer a partir de la costilla de Adán. Sé que no hace falta recordarle las sutilezas de interpretación que exige la TaNaK , que ella misma forma parte de nuestro Antiguo Testamento, pues la lectura intertextual permite una mejor comprensión de las antropologías y teologías contenidas en sus cuatro tradiciones: Elohista, Deuteronómica, Sacerdotal y Yahvista. Todo esto para recordar que el Código Sacerdotal señala la creación del hombre y la mujer a imagen y semejanza de Dios. Resulta complejo comprender el origen de la mujer, pues hay dos relatos de creación en nuestro Antiguo Testamento. Y sin embargo ninguno de los dos relatos sugiere que las mujeres debamos vestir con recato. Si mal no recuerdo el relato Yahvista señala la desnudez mutua pues ésta estaba afianzada en un contexto de mutuo respeto, que después se perdió y se requirió entonces ocultar esa ahora vergonzosa desnudez. Este Código o fuente J indica que la mujer fue creada a partir de la costilla de Adán, pero el texto nunca dice que él tuviera derecho a quebrantar la integridad de Eva, para después regodearse en llamarla prostituta. Y entonces me acuerdo de mujeres ejemplares como Débora, Judith, Ruth. Ninguna se quedó callada. Ninguna dijo -está bien, písame pues no soy un ser humano- Más bien reconocieron la injusticia de un estado de cosas indigno, que como tal, es contrario al proyecto de creación y por tanto constituye infidelidad. Ellas rompieron el silencio y fueron agentes activos de liberación.
Y yo, bastante más pequeña, decidí seguir el ejemplo de estas mujeres: dejé de asumir que yo soy responsable de las acciones de los demás; pues ¿ a caso si yo le faltara a usted al respeto, sería culpa suya? O más bien sería yo, que estoy corta de discernimiento y estoy en ayunas respecto de mi capacidad de ejercicio ético, igual que cualquier hombre que acosa sexualmente ( verbal, física o visualmente) y el pobre no sabe que está cometiendo un delito.
Estimado Padre Román: el silencio y el sometimiento no son solución. Solución es que entendamos, hombres y mujeres, que somos seres humanos en relación, en co-existencia. Que el respeto es un deber mutuo. Usted tiene razón: por una parte nosotras tenemos la responsabilidad de hacernos respetar, de poner límites. Pero ¿ a caso eso se logra desde el silencio y el sometimiento?
Por otra parte falta usted a la realidad pues ¿ a caso no estaría usted de acuerdo en que hay que educar a los varones y a las mujeres para que seamos capaces de comprender que la agresión está en el agresor y es, por tanto, su responsabilidad? Que al faltar al respeto a los demás también se falta al respeto a sí mismo.
¿ No estaría usted de acuerdo en mejor promover una mayor educación a los varones que insisten en comportarse como “lagartijas bajo la lluvia” como señala usted, para que también puedan ejercer la dignidad que les ha sido conferida al constituir la mitad de la imagen de Dios?
Le aseguro , estimado Padre Román, que , como mujer, ejerciendo como persona capaz de ser interlocutora y capaz de establecer límites, da igual si llevo minifalda o pantalón porque el respeto se hace presente en quien me mira a los ojos , pues recibe la certeza de que soy capaz de levantar mi voz desde una postura de noviolencia. Además de la capacidad de vivir en equidad, tengo detrás de mi el esfuerzo de muchas mujeres mexicanas y extranjeras que han promovido la equidad, el respeto hacia nosotras y el ejercicio de nuestros derechos. Tengo también el respaldo de los muchos varones que han conseguido trascender las posturas misóginas y machistas que empapan nuestra sociedad mexicana y sus instituciones, y que se muestran dispuestos al desafío de ser interlocutores para nosotras en respeto y equidad. También me respaldan las leyes locales, federales e internacionales como la convención Belém do Pará contra todas las formas de discriminación y violencia hacia las mujeres. Estoy segura que usted ha encontrado en ella material interesante y urgente de reflexión, pero le ha olvidado.
Así, pues, estimado padre Román no sea usted, con su interés por nuestra seguridad, un involuntario promotor de la violencia. No sugiera usted que nos quedemos en silencio, arrinconadas. Súmese mejor a nuestra justa demanda de equidad. Colabore con nosotras y con los hombres que nos acompañan, para romper el esquema del sometimiento que denigra por igual a hombres y mujeres. Pues este sometimiento no es sino signo de la cobardía propia, de quien no se atreve a mirar en equidad por temor a descubrirse frágil y vulnerable como es todo ser humano; es propia de quien no se atreve a arriesgarse en el encuentro vital, fundamental con el otro. No promueva usted la cobardía del que se esconde tras un uso o costumbre, la del que no se atreve a romper un estado de cosas que cree que le beneficia, pero sin la claridad de que a la larga perdemos todos.
Recomiende usted mejor, como líder que es, por una parte a los varones dejar de ser “lagartijas” y convertirse en personas con el ejercicio de su dignidad en equidad y respeto hacia todo ser humano y por otra recomiende, sobre todo, colaborar con nosotras para ayudarnos a romper con la violencia y su principal aliado que es el silencio, no la minifalda.
Respetuosamente
Mónica R. Saloma
Cristina
Agosto 21, 2008 a 8:48 pm